12 de febrero de 2024
Soledad, la joven glacióloga que trabaja a bordo del Irízar y llegó a la Antártida
A sus 36 años, la geógrafa Soledad Tiranti tiene la fundamental tarea de? detectar hielos riesgosos durante la trayectoria del buque? y asesorar al comandante sobre los trayectos más seguros para arribar a cada base antártica.
Soledad Tiranti tiene 36 años y, por primera vez en su carrera como geógrafa, está cumpliendo "el sueño" de ser glacióloga del Servicio de HidrografÃa Naval (SHN) a bordo del rompehielos ARA Almirante IrÃzar, un rol clave para que el buque, que navega en la Antártida entre campos de hielo, llegue a las bases argentinas de forma segura, dijo la experta en el marco de la Campaña Antártica de Verano (CAV).
"Siempre se lleva a un glaciólogo en el buque y siempre fueron mujeres civiles", detalló Tiranti a Télam en su oficina de a bordo, ubicada cerca del puente de comando, mientras la embarcación navegaba entre hielos.
Su principal función es detectar hielos riesgosos durante la trayectoria del buque y asesorar al comandante sobre las posibilidades más seguras de trayectos de navegación para llegar a cada base antártica argentina, que son reabastecidas con combustible, vÃveres y personal para todo el año.
"Tenemos que ir sà o sà a las bases, haya más o menos hielo. Por la Antártida podemos navegar desde noviembre hasta mayo -como máximo- cuando empieza a haber condiciones adversas como la falta de luz solar y el congelamiento del mar", explicó la licenciada en GeografÃa.
Antes de esta experiencia, Tiranti trabajó en el Ministerio Desarrollo Urbano de la Ciudad de Buenos Aires -actualmente SecretarÃa-, donde se especializó en fotogrametrÃa, una técnica que implica tomar fotos secuenciales de la ciudad desde un avión para generar la visión en 3D a través de un software utilizado para realizar mapeos y morfologÃa urbana. También se especializó en sistemas de información geográfica para cartografÃa digital.
Postales de la Antártida. (Fotos: Leo Vaca)
Estas experiencias le sirvieron para llegar a ser glacióloga en el IrÃzar porque "no hay dónde se aprenda cómo leer el hielo a nivel satelital", y eso "es un oficio", aseveró.
"El primer dÃa en el buque estaba nerviosa porque era todo nuevo y es un trabajo de mucha responsabilidad. A partir de la información que le damos al comandante, él decide qué hacemos al dÃa siguiente y puede significar que se atrasa o se avanza en el cronograma de viaje", explicó la joven experta.
Y subrayó que "viajar era un sueño a cumplir. Nunca pensé que como civil y como geógrafa iba a tener esta oportunidad. Tomo este trabajo como una aventura, porque ningún dÃa es parecido al anterior".
En la actualidad, Tiranti cursa un posgrado en Teledetección -la captación de información a partir de imágenes satelitales- en la Facultad de AgronomÃa de la Universidad de Buenos Aires.
La oficina de Tiranti está ubicada en el mismo piso que el puente de comando del rompehielos, y desde allà analiza las imágenes satelitales de radar y ópticas provenientes del satélite argentino Saocom.
Su dÃa laboral comienza a las 8 de la mañana, cuando descarga las imágenes, las analiza y genera la exportación de las cartas glaciológicas.
Después realiza observaciones de hielo cada seis horas y las codifica a las 9 de la mañana, a las 3 de la tarde, a las 9 de la noche y a las 3 de la madrugada, con ayuda de la meteoróloga y glacióloga, cabo principal Sabrina Quinteros.Â
"Los hielos más peligrosos son los terrestres, como los témpanos, tempanitos y gruñones", advierte Soledad
Y precisó que "los gruñones son como rocas transparentes, muy duras, que, con el oleaje, se dejan ver muy poco, y se los llama asà por el ruido que generan". Estos hielos tienen un origen terrestre porque se originan por las rupturas naturales de glaciares y barreras de hielo.
"El radar manda señales que rebotan en objetos como los témpanos que, cuando son de gran tamaño, se distinguen en las imágenes satelitales como superficies blancas y brillantes. En cambio, cuando se trata de témpanos de menor tamaño, se ven como puntos blancos", explicó.
No obstante, "a los gruñones el radar no los detecta, por eso son tan peligrosos", advirtió. Para verlos es indispensable la observación humana, como la que realizan los señaleros del puente de comando con los binoculares.
"Del volumen del témpano, un octavo es lo que vemos sobre la superficie del mar y siete octavos lo que no vemos", recordó Tiranti
Lo que analizan a diario es "si hay hielo terrestre a la deriva y si hay hielo marino", detalló. Además, para los asesoramientos, Tiranti tiene en cuenta cómo se comporta cada base y cuál es la más operativa según la temporada.
"En Petrel habÃa témpanos -a mediados de enero-, mucho escombro de hielo sobre la costa por el viento, que es normal. Pero, si viniéramos en invierno, habrÃa un hielo fijo que no nos permitirÃa operar, serÃa imposible", explicó.
Luego subrayó que Marambio "es una base difÃcil porque ahora tiene más hielo de lo normal y las condiciones meteorológicas son adversas para operar", y Belgrano II, la base argentina más austral, "tiene toda la costa con mucha concentración de hielo marino y, dentro de ese campo, puede tener témpanos de diversos tamaños".
Apasionada por la geografÃa
Nacida en la localidad bonaerense de José C. Paz, a Soledad siempre le gustó la geografÃa. "Desde chica cuando iba a la secundaria leÃa enciclopedias, veÃa documentales de la Tierra, querÃa seguir geologÃa también. Siempre me gustó estudiar la Tierra en todas sus dimensiones", aseveró.
Actualmente reside en Ciudad de Buenos Aires y contó también que es la única de su familia que se dedica a esta disciplina. "Mi mamá estudió unos años odontologÃa, pero tuvo que dejar; mi papá es peluquero y mi hermano actor. Cuando le dije a mi familia que iba a venir a la Antártida no podÃan creer que me haya llegado la oportunidad. Esta experiencia me cambió la vida y todavÃa no terminó el viaje", dijo.



