2 de octubre de 2024
Andrea Álvarez, la gran baterista argentina: ser rockera en los ‘80, la asignatura pendiente con Cerati y el disco que nació de la muerte
Tocó con Soda Stereo, Charly García, David Lebón, Natalia Oreiro y Draco Rosa. Ahora presenta “La cadena del mal”, once temas poderosos y urgentes entre la catarsis y la reflexión. La mujer que trascendió a su época, la tuitera impulsiva, la docente sensible. Un paseo por la vida de una piba de Burzaco que llegó adonde se propuso y eligió siempre ser fiel a sus convicciones
—Para nada. Lo que realmente me preocupa es la muerte de las personas que yo quiero, porque a nivel música está todo hecho. Hay un montón de música que podemos escuchar y que nadie escuchó. No podemos ser tan egocéntricos de pensar que el mundo nos necesita a nosotros para escuchar buena música.
—Lo que sà llama la atención es que te refieras a tu muerte, tu epitafio, tu propio funeral.—Ahà cantás: “No me definas. Yo sé quién fui y, sobre todo, quién fuiste vos para mÃâ€
—Me molesta mucho que cuando se muere un artista hay como una sobreactuación para ponerlo de referente y lo definen de una manera que por ahà no le hubiera gustado. De hecho, también a mà me definen bastante, más como una necesidad del otro que de lo que soy yo. A mà me da risa cuando me subestiman tanto. “¿Y esta quién es? ¡Si no fuera por Cerati andá a saber dónde estarÃa!â€. Yo lo registro, pero no afecta mi autoestima. Una de las cosas de las que estoy agradecida es que puedo leer barbaridades sin que me afecte, porque a veces veo la sobreactuación que otros hacen de los haters y no puedo creerlo.—Surgió en la época en la que Mauricio Macri ganó la presidencia, y porque no estaba tocando mucho. Si tocara más seguido no lo harÃa porque necesito expresarme y uso los canales que tengo. Igual tengo un problema y es que no registro que lo lee mucha gente, lo hago más que nada para sacármelo de encima. A veces mi hijo me dice que afloje, pero me rÃo sola cuando le contesto a (Javier) Milei, no me doy cuenta de que puede tener una trascendencia. Y creo que últimamente se nota más porque nadie está diciendo nada, y esto ya no lo planteo como artista, sino como ciudadana. ¿No te salen ganas de salir a gritar que está todo mal? No puedo creer ese silencio porque estamos en el peor momento. Nadie se puede comprar un par de palillos y ves chabones que tiran espuma en el escenario. Es raro todo lo que pasa.
—¿Te afecta en tu carrera decir estas cosas?—Al mismo tiempo, como docente desarrollaste un vÃnculo muy interesante con tus alumnos más chicos. Recuerdo que se hizo viral el caso de Franco, que tenÃa 5 años.
—La frase abre la puerta a su pasado y se remonta a sus comienzos, cuando el rock and roll aterrizó en Burzaco bajo la forma de una nave espacial, como en tantas otras partes del mundo. La Andrea niña tocaba música desde los cinco años, y en la rockola de su casa lo que más sonaba era clásico, tango, bossa, MarÃa Elena Walsh y Joan Manuel Serrat. El puente fue su padre que le presentó a Los Beatles: le regaló Revolver y la llevó al cine a ver Déjalo Ser y Submarino Amarillo, asà en castellano, como se usaba por entonces.Apoyada en esta base, y con la pequeña ayuda de su hermano y sus amigos, Andrea empezó a armar la banda de sonido de su vida. Los descubrimientos adolescentes. Arco Iris, Pedro y Pablo, Sui Generis, y una curiosidad que se despertó y ya no tuvo lÃmites. De rarezas como Frank Zappa y Miles Davis, a toda la onda progresiva, con Yes y Emerson Lake Palmer a la cabeza. De ese sonido de trÃo visceral, de Jimi Hendrix y Pappo’s Blues que la acompaña hasta hoy, a la fascinación por MIA, la cofradÃa de músicos independientes capitaneados por Donvi Vitale y Esther Soto, donde ya brillaban con luz propia sus hijos, Lito y Liliana.La piba de Burzaco escribió una carta diciendo cuánto le gustaba el grupo y la envió a la revista Expreso Imaginario, casi como una botella al mar. Al poco tiempo, se encontró con Lito y le contó en persona todo lo que decÃa en la carta y empezó a frecuentar la casa de los Vitale en Villa Adelina, donde se forjó el rock independiente. Logró que convencieran a su padre para que le dejara tocar la baterÃa, más como un empoderamiento que por una vocación. El objetivo estaba en otro lado y cada vez más cerca.—¿Fue difÃcil tener una banda de rock en esa época?
—Las chicas para los coros, nada de tocar y menos la baterÃa.
—Entre Rouge y Charly viviste en Nueva York, en mediados de los ‘80, con toda la data musical y cultural que habÃa ahÃ
—El otro gran hit ochentoso es tu participación en Soda Stereo. Hoy dijiste al pasar esto de las etiquetas y en tu casa veo a Cerati presente. En fotos, en discos, en libros, porque obviamente es parte de tu vida. ¿Te molesta ser Andrea Ãlvarez, la expercusionista de Soda Stereo?
—Pienso en esa chica discriminada que se volvÃa a la casa con un nudo en el estómago y la comparto con la que se cruza a Cerati y le dice, palabras más palabras menos: “A tu banda mega exitosa le hace falta una chica como yoâ€.
Fotos/Nicolás Stulberg.