9 de noviembre de 2024
Luis Agote, el médico argentino que descubrió cómo conservar la sangre, salvó millones de vidas y eligió no patentar su invento
Hace 110 años, Agote conducía la primera transfusión de sangre citratada de la historia en el Instituto Modelo de Clínica Médica de la ciudad de Buenos Aires. Había descubierto un método innovador para preservar la sangre con citrato de sodio, un trabajo que revolucionó la ciencia y que prefirió regalárselo al mundo, inmerso en aquellos años en la Primera Guerra Mundial
Fuera de su actividad como médico y profesor, en 1912 fue Comisionado Municipal del Partido de General San MartÃn y dos veces diputado nacional. Sus proyectos más recordados son la creación de la Universidad Nacional del Litoral, la anexión del Colegio Nacional de Buenos Aires a la UBA y un Patronato para menores. Desde entonces, los menores que delinquÃan dejaron de ser alojados en cárceles con personas mayores. Fue autor de varios libros, en los que incursionó en varios géneros, como la poesÃa y la biografÃa.
Primero experimentó junto al laboratorista Lucio Imaz Apphatie con el diseño de recipientes especiales. Sometieron a la sangre a distintas temperaturas pero el lÃquido, ante la sola exposición del aire, se coagulaba. Hasta que Agote probó con agregarle citrato de sodio, que es una sal derivada del ácido cÃtrico que está presente, por ejemplo, en el limón.
Era el momento de hacer la prueba en humanos. Asà se llegó al histórico 9 de noviembre de 1914. El 15 se realizó una demostración a las autoridades. Allà estuvieron Enrique Palacios, Intendente Municipal; Epifanio Uballes, rector de la UBA; Luis Güemes, decano de la Facultad de Medicina y Baldomero Sommer, Director General de Asistencia Pública, los que fueron los testigos de la transfusión.
La paciente era una pálida parturienta que “esperaba con gran temor, lo que ella supusiera cruenta operaciónâ€, según la crónica de la época, que recibió 300 cm3 de sangre que le habÃan extraÃdo de su brazo derecho al señor Machia, carpintero del Instituto. La sangre donada estaba en un recipiente -posteriormente bautizado como “Aparato modelo Profesor Agoteâ€- donde se mezcló con el citrato de sodio al 25% y luego se la inyectarÃa a la mujer. A los tres dÃas, la paciente recibió el alta.Agote no quiso patentar su descubrimiento. Eran los tiempos donde miles morÃan diariamente en las trincheras de Europa en la Primera Guerra Mundial, y el médico cedió a todos los paÃses que en ese momento estaban en guerra, porque sabÃa que ayudarÃa a salvar millones de vidas. Lo comunicó a los medios de prensa, a los embajadores de los paÃses involucrados y a las revistas médicas internacionales. Que la noticia fuera publicada por el diario New York Herald sirvió para la misma diese la vuelta al mundo. El médico publicarÃa, ese mismo año, el trabajo “Nuevo método sencillo para realizar transfusiones de sangreâ€.
Hubo intentos de profesionales de otros paÃses en adjudicarse la primicia del hallazgo. Albert Hustin, de la Academia de Ciencias Biológicas y Naturales de Bruselas y Richard Lewisohn, del Mount Sinai Hospital, de Estados Unidos, mantuvieron una larga polémica con Agote, ya que ellos también estaban trabajando en el mismo sentido.El 13 de noviembre de 1954 habÃa llegado a la ciudad de Buenos Aires la urna con las cenizas del suizo Aimé Félix Tschiffely, quien entre 1925 y 1929 con los caballos Gato y Mancha habÃa unido Buenos Aires y Nueva York en una antológica travesÃa, lo que motivó que los diarios diesen una amplia cobertura al hecho, donde desfilaron centros tradicionalistas, hubo festivales y mucho público en las calles viendo las destrezas de los gauchos montados en sus mejores caballos.
Tal vez por eso haya pasado casi desapercibida una noticia no menos importante. El dÃa anterior, en su departamento en la ciudad de Buenos Aires, habÃa fallecido el doctor Agote, aquel médico cuyo descubrimiento posibilitó que millones salvasen sus vidas en todo el mundo y que no quiso obtener ningún beneficio económico.