4 de enero de 2025
“Hija de la pólvora”, la cafeomante que comenzó a leer la borra en la calle y hoy está al frente de su propio restaurante
La historia de Nataly Marutian y Querida Rosa: misticismo, gastronomía armenia contemporánea, intuición y tradición
—Es mucho mejor. Porque es como si se preparase a baño marÃa. El fuego a veces lo arrebata y la arena lo va preparando mucho más suavemente y genera una bebida deliciosa —responde Nataly.
Las instrucciones: beber el café, idealmente acompañado por un dulce armenio como la baklava, un cuadrado que combina la crocancia de la masa filo con una pasta de nueces trituradas y otros frutos secos y el dulzor del almÃbar. Para Nataly es uno de los favoritos de la casa. Cuando queda solo la borra tapar la taza con el plato y darla vuelta, dejándola al revés unos instantes para que el sedimento caiga y los restos se asienten en la taza. En ese momento se puede pensar una consulta sobre algún aspecto de la vida, un deseo, una intención. Es la persona que leerá la taza la que debe darla vuelta para analizar los dibujos, las lÃneas, manchas y sÃmbolos que muestre. La cafeomante es quien encuentra en ese cuadro de arte abstracto un destino.
Afuera hay sol de diciembre. De Año Nuevo. El barrio de Villa Crespo, todavÃa exhibe los adornos de la Navidad aún tibia. El calor todavÃa es amable. En la vereda, al lado de un deck con algunas mesas, bajo un toldo a tono, bordó y crema, un cartel con fileteado porteño dice: “Querida Rosa. Restaurante - café -mÃsticaâ€.El rincón en el que nos instalamos, en medio del lugar, está rodeado por un dosel con cortinas mostaza que lo resguardan y aÃslan del resto. Todo tiene tonos sobrios: los floreados, los motivos de la alfombra, los textiles, las lámparas. Hay verdes secos, negros, marrones, bordós. Música suave. Cada detalle está planeado y cuidado. Cada espacio con sus objetos, cafeteras, escaparates y vajilla, crea un ambiente que exhala oriente y mÃstica de manera armoniosa, sutil. Oriente y casa de la abuela. Querida Rosa es un resultado de ambas.
Tiene 32 años, nació en Buenos Aires, pero cuando habla de su identidad se piensa como armenia. Sus abuelos vinieron de la antigua Armenia, sus padres fueron la primera generación de su familia nacidos en este suelo y ella pertenece a la segunda. Aún asÃ, sus raÃces la definen de tal modo que habla de sà misma como si también hubiese venido en los barcos de la inmigración. Dice que la de su familia es una comunidad muy fuerte, que sus abuelos siempre los mantuvieron dentro, que en la casa de sus padres se hablaba español pero en la de los abuelos se hablaba en armenio. Ellos le enseñaron que “el idioma es lo más importante y algo que se cultiva desde la casaâ€. Pero que luego su madre necesitó tomar distancia del pasado.
—Mi mamá quizás era la que mejor hablaba, pero viste cuando empezás a pelearte con la raÃz, cuando querés que tus hijos hablen español e inglés, algo mucho más aggiornado a esta cultura que a lo que se traÃa, esto creo que le pasaba con el armenio: sentÃa amor y, a la vez, necesidad de distanciamiento porque es una historia que tiene una herida muy fuerte en relación al genocidio, a la migración. El sentir que no sos de ningún lado. Nosotros somos los armenios que vivÃamos en la zona de TurquÃa —en la ciudad de Smyrna—, que no es la Armenia actual, y cuando vamos a la Armenia actual hablan distinto que nosotros, culturalmente somos diferentes. Entonces hay algo del lugar de pertenencia que se perdió. Y ni hablar de donde es mi mamá, su familia era de Van, queda en TurquÃa, más del lado este. Son territorios abandonados, tomados por los kurdos, zonas donde quedan ruinas.La voz de Nataly es clara y pausada. Con una dicción cuidada, lenta, como ella se percibe.Sin embargo, y pese a que venÃa con los saberes y tradiciones de su pueblo, la lectura de borra del café no estaba bien vista por su comunidad. Rodeada de mÃstica, como suele suceder con las mancias (las prácticas adivinatorias), antiguamente la cafeomante y su actividad estaban estigmatizadas. Los lugares donde se leÃa la borra siempre eran ocultos. Siempre detrás de una cortina, en un cuarto especial, detrás de escena.
Nataly no lo olvida. Cuando ella era pequeña y su abuela Sirvart se reunÃa con sus amigas y sus hermanas a jugar al buraco siempre “hacÃan una vuelta de caféâ€.
—Tomaban coñac, fumaban, tomaban café y se leÃan la borra. Para mà habÃa algo de eso que era lo rescatable: la lectura de borra de café no desde lo sacro y ceremonioso sino en el folklore.—Yo me sentaba upa y leÃa con ella. VeÃa lo que ella veÃa, escuchaba sus cuentos. Asà aprendÃ.
Su abuela Sirvart, la mamá de su papá, integraba un clan de seis hermanos. Cuatro eran mujeres. “Ella era la más chica, escorpianaâ€, cuenta Nataly. “Tiraba el cuerito, curaba el mal de ojo. Era la curandera del barrio, a la que le llevaban a todos los chicos que se sentÃan malâ€. HabÃa llegado a la Argentina con 24 años, alejarse de la Segunda Guerra Mundial. Era su segundo exilio. El primero habÃa sido en Grecia, a donde su familia habÃa huido para escapar del genocidio armenio. “Era divorciada, con tres hijos. Nunca se calló una, fue muy laburadora, para nada sumisa y muy libreâ€, asà la describe.Sirvart murió en la pandemia de Covid-19 con 93 años. Su siglo en este plano se derramó en esa raÃz gruesa y profunda que germinó en su nieta y crece y expande ramas en Querida Rosa.—HabÃa algo de “si hay lÃneas horizontales significa viajes; si hay esto, es esto; si hay lo otro, lo otroâ€. Yo no trabajo de esa manera porque hice mi camino mÃstico con el estudio de los sÃmbolos, el estudio de la magia, del esoterismo. Me metà a fondo en eso y también hago mi interpretación como lectora, porque el sÃmbolo no es una regla de tres simples: un dibujo no necesariamente significa siempre lo mismo.
—Cuento lo que veo. El sÃmbolo habla, es decir, tiene una expresividad. Por ejemplo, si hay una serpiente, que siempre la leÃan como peligro, yo miro y analizo: ¿Cómo está la serpiente? ¿Está enroscada en una copa?, ¿Está en posición amenazante?, ¿Está solamente circulando? Por qué tendrÃa que ser peligro si la serpiente para distintas culturas representa cosas diferentes. En las culturas precolombinas, precolonizadas, la serpiente está relacionada con la abundancia y con la lluvia, porque veÃan los rayos y veÃan serpientes en el cielo, entonces se hace la danza de la serpiente para invocar a la lluvia. Asociarla con el peligro es una lectura muy de Adán y Eva, con la manzana y la tentación. En la medicina aparece como sÃmbolo de la salud. Entonces es no limitar el diccionario, salirme de mi ego y conectar con el otro para ver en qué sentido este sÃmbolo le habla.
La primera vez que se le ocurrió leer la borra a personas ajenas a su comunidad fue poco antes de la pandemia, en unas vacaciones con cuatro amigas en Valizas, Uruguay.TenÃa 28 años y habÃa hecho sus primeras “amigas argentinasâ€. Aunque Nataly vivió toda su vida en este paÃs cuenta que estudió en un colegio armenio y que cuando empezó PsicologÃa en la UBA —carrera que cursarÃa algunos años— el azar o el destino o la casualidad la cruzó con otra chica de la que se hizo amiga que también resultó ser armenia. Sus años de universidad los hizo solo con ella. Aunque vivió toda su vida en el sur del mundo, su universo pasaba por el este. Su vida estaba atravesada por la comunidad, todas sus amigas eran armenias, como ella, mujeres para las que la borra del café no era novedad.
Cuando empezó la facultad sus padres se habÃan separado y ella se habÃa ido a vivir a Vicente López, con su papá. Pero poco después no pudo seguir con sus estudios.
De la lectura en Valizas en medio de la resaca a llevar adelante su propio restaurante fue un vendaval comprimido en lo que dura un pestañeo.
El boca a boca hizo lo suyo. Nataly pasó la gorra y empezó a leer la borra.
—Unos amigos tenÃan un centro cultural en Lomas de Zamora y yo me iba con mi cafeterita, con mis tacitas, en subte y tren y después me volvÃa de la misma manera. Yo, con mis cacharritos. Ahà empecé a tener mis primeras clientas que me iban a ver allÃ, a Lomas de Zamora. Y venÃan con otras amigas.
—Al principio no tenÃa ni para comprarme el café. Y vino la pandemia. Los teatros habÃan cerrado, los proyectos de actuación que tenÃa se habÃan cortado. Me tenÃa que mudar de la casa en la que vivÃa y lo único que tenÃa para ofrecer era la lectura de borra de café. Entonces me puse a pensar en cómo llegar a la casa de las personas.
—Se empezó a vender bien, se empezaron a vender las lecturas. También me puse a estudiar astrologÃa entonces lo conectaba con la carta natal. Después estudié tarot. Iba conectando mancias —recuerda.
—En ese momento mi alquiler era de $16.000. Se me habÃa metido en la cabeza hacer el café en la arena. Entonces, en esa postpandemia del 2021, empecé a buscar con esas metalúrgicas dónde comprar el cobre y todo lo que necesitaba y armé mi primera cocina de arena que es esta que dice “Hija de la pólvoraâ€. La llevé a un popup [N. de la R.: un evento en el que se montan puestos para ofrecer diferentes productos y servicios] en un local de unas amigas que venden café de Medio Oriente y ese dÃa, en esa parada en la calle, siendo julio, pleno invierno, hice $34.000. Por primera vez habÃa hecho en una sola acción más del doble de mi alquiler. Ahà dije: ¡Wow! Fue un espectáculo. La gente paraba curiosa porque fui la primera que salió con ese chiringuito y desde ahà nunca más, gracias a Dios, me faltó el dinero.
Ese chiringuito es una caja de cobre con dos tiras de hojas labradas y una taza de café en medio de la que, en lugar de humo, emanan pequeñas estrellas. Arriba se lee “Hija de la pólvoraâ€. El seudónimo con el que se la conoce en Instagram, con el que se hizo viral. En la parte de arriba de la caja, una suerte de bandeja de arena donde prepara el café.La cocina de arena, cuenta, es un método ancestral inspirado en la cultura beduina. Los beduinos, ese “pueblo nómade que habita el desiertoâ€, realizaban —y lo siguen haciendo— travesÃas. Para saber si en sus viajes se iba a presentar algún peligro o qué les iba a deparar el camino, cuando terminaban de comer, en sus carpas, enterraban las cafeteras en la arena “y utilizaban el café como un método adivinatorioâ€.
—TenÃa mis aquelarres de brujas con las que Ãbamos para todos lados. Estaba en la cresta.
Su comunidad y su familia, quienes hasta ese momento no veÃan esa actividad como algo serio, cambiaron opiniones, desfruncieron ceños y se subieron al boom que tenÃa la difusión de esa parte de su cultura.Desde antes de subir a la cresta de la ola, cuando vendÃa cafeteras por internet, Nataly ya tenÃa la fantasÃa de hacer un club de borra de café.
Nataly tiene tatuajes en los brazos. En el derecho su primera cafetera, una que su tÃa Betty, hermana de su papá e hija de su abuela Sirvart, le trajo de regalo de Armenia. En el izquierdo “una lloronita por las penitas del almaâ€, un limón feliz y una chica que se saca hojas de los ojos.
Quizás son las cosas que intuye, que presagia, las que se saca y trabaja hasta volverlas realidad. Como Querida Rosa: el destino que imaginó para ella. La corazonada que latÃa diciendo que era por ahÃ.
Después de trabajar de forma desquiciada en más eventos de los que un fin de semana puede contener para generar dinero para la obra que convertirÃa el local que eligió alquilar en restaurante —no sin antes hacerle numerologÃa a la altura de la calle donde se emplaza “que suma 10, era perfecto porque era el final de una etapa y el comienzo de otraâ€â€”, Querida Rosa abrió sus puertas el 20 de octubre del 2023.
Hoy capitanea, junto a su socio y compañero de vida, un negocio con 15 empleados, dos turnos y tres piernas: “Una pierna es la cafeterÃa, porque la vedette es la cocina de arena, la gente la ve por la vidriera y para. La otra es la cocina armenia contemporánea, que hoy estamos en un nivel de excelencia. Y la cafeomanciaâ€.
Cuenta que cuando fue a anotar en el registro de marcas el nombre que habÃan pensado para el local, “Maroâ€, como se llama una de sus tÃas que se reunÃa con su abuela en las tardes de buraco y lectura de café, ya estaba reservado. Y que el hombre que la atendió le sugirió: “Si querés que te vaya bien no le pongas asÃâ€. Pensó un poco más y escuchó en su cabeza la voz de su tÃa Betty que repetÃa una y otra vez: “Mi mamá se llama Sirvart que significa Rosa queridaâ€.
Nataly dice que se lleva bien con la incertidumbre, teniendo en cuenta el contexto del paÃs, que vive muy en el presente, en el acá, y eso la hace disfrutar del proceso. También para eso trabaja mucho en su espiritualidad.