21 de enero de 2025
El recuerdo de “la tragedia de los bomberitos”, cuando el fuego y la irresponsabilidad se cobraron la vida de 25 jóvenes y niños

La tarde del 21 de enero de 1994 se produjo un incendio de pastizales en las afueras de Puerto Madryn. Al intentar combatirlo, un grupo de bomberos voluntarios quedó atrapado por las llamas. Entre las víctimas fatales había once menores de edad, entre ellos tres niños de 11 y 12 años, que no debían estar allí. Más de tres décadas después, sus familias siguen reclamando justicia
Eran las 14:30 cuando desde la Seccional Primera llamaron al Cuartel de Bomberos. De inmediato partieron dos grupos para combatir el incendio. Uno estaba a cargo de Daniel Zárate, y el otro, de Cristian Meriño. Al llegar a la rotonda, los dos vehículos se adentraron unos 3.000 metros a campo traviesa hasta llegar a Puesto Gallastegui, una vieja construcción en desuso, y desde allí avanzaron a pie hacia las llamas, que se extendían peligrosamente devorando la seca vegetación de jarilla, piquillín, coirón, moyes y pequeños algarrobos.
Cuando llegó el tercer grupo, que caminó unos 400 metros en dirección oeste, la temperatura era 28,8 grados y la velocidad del viento había trepado a los 25 kilómetros por hora, un 36% más que en el momento del inicio del fuego. Por entonces, las llamas avanzaban a una velocidad de 6 kilómetros por hacia el oeste y a 3 kilómetros por hora en dirección sur.
Eran las 17:20 y el grupo de Manchula ya estaba combatiendo el fuego cuando el viento cambió bruscamente de dirección a una velocidad de 40 kilómetros por hora. Avivadas por esa fuerza, las llamas llegaron a seis metros de altura. Fue entonces cuando desde uno de los primeros grupos, el sargento Julio Laportilla comenzó a llamar a los demás por su radiotransmisor. De inmediato recibió la respuesta de Cristian Meriño, que le informó que podía ver al Puesto Gallastegui a unos 300 metros de distancia y que todos los integrantes de su grupo estaban bien. En cambio, nadie respondió desde el grupo que comandaba Manchula.Entre las 18 y las 18:15 los radiotransmisores captan varios pedidos de auxilio provenientes del grupo perdido. El último, según el informe pericial, de “probablemente la voz de un menor, que lo hacía con bastante desesperación”. Después, silencio total. Los integrantes del grupo de Manchula fueron declarados “desaparecidos”.
Fue una noche de tensión y desesperación en Puerto Madryn, con la población en vilo, angustiada por la suerte de los bomberos perdidos. Se temía lo peor, porque el silencio total dejaba poco lugar para la esperanza de encontrarlos con vida. El peor de los escenarios se confirmó a la mañana siguiente, alrededor de las 7:30, cuando una patrulla encontró, entre animales calcinados, algunos cascos, palas y los dos vehículos del grupo perdido -una autobomba y una camioneta- calcinados. Minutos después, los rescatistas se toparon con los primeros cadáveres y, con el correr de las horas, fueron sumando hasta sumar 25, la totalidad de los integrantes del grupo de Manchula. Las pericias determinaron después que todos habían muerto por asfixia, sofocados por el humo.Eran José Manchula (23 años), Marcelo Miranda (11), Carlos Hegui (12), Cristian Zárate (14), Lorena Jones (15), Néstor Dancor (15), Juan Moccio (15), Paola Romero (17), Andrea López (15), Ramiro Cabrera (16), Juan Passerini (16), Alexis González (22), Andrea Borreda (18), Leandro Mangini (18), Enrique Rochón (19), Jesús Moya (20), Cristian Meriño (21), Daniel Araya (21), Gabriel Luna (21), Cristián Llambrún (21), Juan Zárate (22), Alicia Giúdice (22), Marcelo Cuello (23), Raúl Godoy (23) y Mauricio Arcajo (12).
La ciudad entera estuvo de luto. Los cuerpos de 23 de los jóvenes bomberos fueron velados la noche del sábado 22 en el Gimnasio Municipal de la ciudad. Las imágenes de esa noche muestran los féretros, uno junto al otro, como hermanados. Solo dos tuvieron velatorios separados, por decisión de sus familias: Ramiro Vera y el pequeño Marcelo Miranda. El domingo 23 a la tarde fueron trasladados al cementerio, acompañados por una caravana que se extendía por varias cuadras.
Que “la tragedia de los bomberitos” haya quedado documentada en fotos se debe al reportero gráfico del diario Trelew José Luis Lazarte, que llegó a la zona del incendio alrededor de las seis de la tarde del viernes 21, cuando por los radiotransmisores se escuchaban los últimos y desesperados pedidos de auxilio de los jóvenes rodeados por el fuego. “Yo estaba cubriendo la botadura de un catamarán para el diario Jornada, y de ahí fui para el campo. Entré con los bomberos un tramo, unos 300 metros, hice fotos y volví. Por el humo, era como de noche. Para mí, en ese momento, era un incendio de campo más, algo que ocurría día por medio. Después supimos lo que pasó”, recordó años después.La investigación penal de las 25 muertes ocurridas en el incendio de Puerto Madryn fue diluyéndose con el correr del tiempo y la causa judicial fue cerrada en tres ocasiones. Los familiares de dos de las víctimas cobraron un seguro de vida de 50.000 pesos, a cambio de no hacerle juicio a la provincia y recién 15 años después, el Estado les otorgó una indemnización en bonos.
“El Estado no se hizo cargo. Cuando se inició la causa, dos personas cobraron un seguro de vida. Fueron mi cuñada, que estaba embarazada, y la mamá de Alexis Salinas. que tenía dos chicos. Fijate ahora: mi cuñada, que es docente, hace tres meses que no cobra ni su salario ni la pensión por la muerte de su esposo. Durante el gobierno de Das Neves, después de 15 años, se hizo una compensación, cobraron en Bonos provinciales alrededor de 500 mil pesos, el 10% de lo que se pedía. Hubo un padre que no aceptó. Él le ganó el juicio al Estado por cinco millones de pesos y por eso la causa sigue, pero ya nadie quiere seguir peleando. La mayoría de los padres está en malas condiciones psíquicas. Muchos también fallecieron, hubo suicidios”, le contaba en 2021 a Infobae A partir de la tragedia se produjeron profundos cambios en la reglamentación de los bomberos voluntarios. A nivel nacional, el sistema prohibió que los menores puedan salir a emergencias. Primero deben realizar un trayecto de capacitación que dura un año y, una vez aprobado el curso, deben tener un tiempo de adaptación. La tragedia también llevó a la decisión de que los bomberos no actúen sofocando incendios de campo, sino que solamente se aseguren de que no llegue a la ciudad, trabajando con máquinas viales para realizar cortafuegos.Más allá de los homenajes, los familiares de los bomberos siguen reclamando justicia. “Sabemos que hay culpables y responsables en la muerte de los chicos, pero a 30 años todavía no tenemos ninguna respuesta de la justicia penal. Cuando ocurrió hacía como cinco o seis años que no pasaba ningún inspector de defensa civil de la provincia a supervisar qué se hacía y no se hacía en el cuartel”, decía el año pasado Nicolina Ivanoff, la madre de Alicia Giudice, durante los actos conmemorativos de las tres décadas de la tragedia.
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