22 de enero de 2025
Tenían 4 y 6 años cuando se perdieron en el monte jujeño: “Sobrevivimos 14 días tomando agua del río y comiendo plantas silvestres”
Hace tres décadas, Ramira (34) y Daniel Quispe (36) salieron de su casa para ir a buscar a sus padres, pero se extraviaron y pasaron dos semanas sin rumbo en Molulo, uno de los lugares más inaccesibles e inhóspitos de Jujuy. Cómo lograron mantenerse con vida y los recuerdos que aún conservan
Como sucede con los casos que conmueven a la sociedad, tras enfrentar la prueba más brutal de sus vidas, los hermanos Quispe dejaron de ser anónimos y, por un tiempo, su apellido cobró cierta notoriedad en Jujuy. Tanto es asà que, luego de encabezar las portadas de varios diarios, recibieron la visita de Fernando “El mono†Navarro Montoya, quien les dejó uno de clásicos buzos de regalo. Además, el escritor jujeño Godofredo Garay publicó un libro con su historia al que llamó “El milagro de Moluloâ€.
Hasta que Ramira y Daniel se perdieron en el monte, los Quispe eran una familia común y corriente que vivÃa en un paraje en Molulo. Según cuenta, el matrimonio se ganaba el pan de la mano de la agricultura y la ganaderÃa. La mujer, además, era tejedora. En ese contexto criaron a sus hijos. “Desde muy pequeños nos enseñaban la rutina del campo. SabÃamos ordeñar vacas y ovejas y hacer queso. Tuvimos una linda infanciaâ€, cuentan los hermanos a dúo.
Todo comenzó mientras Ramira y Daniel estaban a cuidado de otro de sus hermanos, un niño de apenas 12 años. “Mi padre y mi madre se habÃan ido a llevar a los animales a pastar al monte. A la mañana, mi hermano nos mandó a buscar unos caballos, pero como no los encontramos, él salió a buscarlos y nosotros nos quedamos en la casa. Ahà tenÃamos corderos chiquitos. Estábamos jugando, nos olvidamos de darle la mamadera y uno de ellos se murióâ€, recapitula Daniel que, por temor a recibir un reto, decidió abandonar su casa. “Me estaba yendo y, para mà sorpresa, veo que estaba mi hermanita al lado mÃo. Volvà para dejarla, pero cuando me di vuelta ya estaba de nuevo alcanzándome en el medio del caminoâ€, dice.
Asà las cosas, Ramira y Daniel emprendieron una caminata con la ilusión de encontrar a sus padres, a quiénes no veÃan desde hacÃa varios dÃas. “Arrancamos la travesÃa y, por la cantidad de niebla que habÃa, no se veÃa mucho el camino. Pero yo sabÃa hacia dónde ir porque mi mamá me habÃa enseñado: ‘Siempre seguà para la derecha’, me decÃaâ€, cuenta él y destaca que ambos llevaban ropa de abrigo y una bolsa con “mote†(granos o legumbres cocidos en agua) y algo de carne hervida.Daniel no recuerda la ruta que hicieron, ni tampoco la cantidad de kilómetros que caminaron. Lo que sà recuerda es que, en algún punto, llegaron a la orilla de un rÃo. Primero saltó él, después su hermana y ahà ya no supieron para dónde seguir. “QuerÃamos volver sobre nuestros pasos porque ya no encontrábamos camino, pero no podÃamos porque era alto y costaba subir. En realidad yo podÃa, pero mi hermana noâ€, cuenta.
Acerca de la topografÃa del lugar, consultado por Infobae, el geólogo Javier Elortegui Palacios, que además es docente e investigador de la Universidad Nacional de Jujuy (UNJu), contextualiza sobre Molulo y explica que es uno de los lugares más “inaccesibles e inhóspitos†de Jujuy por lo que la mayorÃa de las personas llegan allà a pie y con ayuda de animales de carga. “Es una zona con un ‘relieve muy movido’: hay precipicios y desniveles, ya que está ubicada a 2.900 metros sobre el nivel del mar, con picos de 3.000. Los locales denominan ese sector como ‘monte’; para los geólogos es ‘yunga’ o selva de montaña y va desde Tucumán hasta Bolivia. En lo que respecta al clima, por tratarse de una zona húmeda son muy comunes las lluvias y las neblinas. Hay, además, mucha bajada de agua: los rÃos o arroyos son blancos y cristalinos. También árboles de durazno y manzana. En cuanto a la fauna, es común la presencia de pumasâ€, explica.A pesar de haber conseguido ese refugio, los hermanos todavÃa recuerdan la angustia y el terror que pasaron aquellas noches. “Escuchábamos ruidos y tenÃamos miedo porque sabÃamos que habÃa pumas. DormÃamos abrazadosâ€, cuenta Ramira. A Daniel, en paralelo, se le venÃan a la mente las historias de duendes y de criaturas misteriosas que alguna vez habÃa escuchado que ocurrÃan en el monte. “Me acordaba y lloraba. Incluso, en un momento, me empezó a dar miedo ir al rÃo, porque pensaba que habÃa vÃboras. Después, con el tiempo, entendà que eran ramas o raÃces de árbolesâ€, dice. Y sigue: “Hasta el dÃa de hoy siento la tristeza. Por eso me cuesta hablar. Yo era un niño. Estaba acostumbrado a estar con mi mamá y no podÃa encontrarla. Entonces lloraba; pero también lloraba por mi hermana. PedÃa, como se dice, un milagro de Diosâ€.
Mientras Daniel y Ramira se acovachaban sobre un colchón de paja que habÃan armado bajo el horno de barro, todo Jujuy los estaba buscando. Sus nombres figuraban en la tapa de todos los diarios locales y, a medida que pasaban las semanas, también comenzaron a hacerse eco los medios nacionales. “Los dos niños extraviados en Molulo no fueron encontrados anoche pese a la intensa búsqueda que realiza, desde hace varias jornadas, personal de la PolicÃa de la Provincia, con el apoyo de un helicóptero de GendarmerÃa Nacional y de numerosos baqueanos de la zonaâ€, contaba El Tribuno el 1° de diciembre de 1994.Del intercambio con Lucrecia, Daniel no recuerda mucho. “Ella me preguntó por mi hermanita. Como te digo, no sé si respondà o no, lo único que me acuerdo fue que me pegué una disparada hacia dónde estaba mi hermana y ella me siguióâ€, repasa. Al entrar al lugar, Cándida encontró a Ramira recostada y la cargó en brazos. Después lo convenció a Daniel para que la siguiera y, entre los tres, fueron hasta su casa, que quedaba por la zona. Allà los alimentaron y dieron aviso a sus padres.
Tras el rescate, según reconstruyó El Tribuno, los hermanos fueron trasladados por cinco efectivos del cuerpo de InfanterÃa hasta el hospital de Tilcara en una caminata contrarreloj. “Para nosotros la travesÃa fue muy difÃcil, conocÃamos muy poco la zona. Si bien estábamos preparados fÃsicamente, caminamos y escalamos cerros con piedra laja, fue muy costoso iniciar la búsqueda, pero muy emocionante hallarlos con vida a los niñosâ€, dijo Sergio Tejeda.Lo que siguió, una vez que los dieron de alta, fue un cambio radical en su estilo de vida: Ramira y Daniel dejaron el campo y se instalaron en la casa de su hermana mayor en León, a unos 25 kilómetros al norte de San Salvador, adaptándose a un entorno completamente diferente. AllÃ, meses después, asistieron a la escuela rural Nº 44 “José Ignacio Gorritiâ€.
Con el tiempo, la historia de los hermanos Quispe se volvió legendaria, con todo lo que eso implica. “Se dijeron muchas cosas falsas acerca de nosotros. Que nos dieron casas, autos... Pero nada de eso pasóâ€, dice Daniel, que hoy vive de “changasâ€, y asegura que le vendrÃa muy bien tener un trabajo fijo.