26 de enero de 2025
El legado de Brochero, el “cura gaucho” cordobés: sus vínculos con el poder, su fuerza transformadora y una escuela para niñas
José Gabriel Brochero fue proclamado “el santo ciento por ciento argentino” en 2016. Dedicó su vida al altruismo y fue más allá de la religión: buscó devolverle la dignidad a los habitantes de Traslasierra y hasta logró la extensión de la red ferroviaria en Córdoba. A causa de la lepra quedó sordo y ciego. Murió el 26 de enero de 1914
En épocas de estudiante, el padre José hizo amistad con quienes, mucho más tarde, ostentaron importantes cargos polÃticos y no demoró en exigirles que cumplieran con su gente. Se dice de él que era algo testarudo y obstinado, y que poco tenÃa que ver con los religiosos de la época: dejó de lado las misas en latÃn para darlas en español, hizo foco en la educación para niñas, logró que se realizaran importantes caminos y obras de infraestructura, que aún son relevantes; y hasta logró que extendieran las vÃas del tren, lo que hizo que su gente no tuviera que trasladarse a la capital de Córdoba, entre otras tantas cosas. Su trabajo visionario dejó un impacto que contribuyó profundamente en el desarrollo de la región serrana, particularmente en las áreas rurales que él atendió. Pero, sobre todo, dejó un legado cultural, espiritual y social.
En 2016, —y luego de que la Iglesia comprobara que hizo dos milagros— el papa Francisco lo canonizó y convirtió en el primer santo argentino nacido, criado y consagrado en el paÃs, un hecho inédito que reunió a miles de personas en su lugar, Villa Cura Brochero, y en el Vaticano.
José Gabriel del Rosario Brochero fue uno de los diez hijos del matrimonio entre Ignacio Brochero y Petrona Dávila, trabajadores rurales. Nació el 16 de marzo de 1840 en Carreta Quemada, cerca de Santa Rosa de RÃo Primero, provincia de Córdoba. Fue hijo de una familia muy religiosa que lo mandó a estudiar el catecismo a la capilla más cercana, pero él descubrió allà una vocación: querÃa ser cura. Su familia no aceptó de entrada la idea, al menos su padre, pero de todas maneras ingresó al seminario en 1856. Estudió TeologÃa y FilosofÃa en la Universidad Nacional de Córdoba, donde trabó amistad con quienes, más tarde, se convirtieron en importantes decisores de la provincia y el paÃs. Esto fue importante para su obra.El cambio más importante en su vida comenzó en 1869 cuando, luego de ser ordenado sacerdote, a los 26 años asumió el desafÃo de liderar el curato de San Alberto, al ser designado párroco de Villa del Tránsito, en el valle de Traslasierra, donde inició su obra más trascendental. Entonces, era una región aislada, azotada por el abandono y la pobreza, con caminos casi intransitables.
A los ojos de sus vecinos, era el cura que no sólo promovÃa la infraestructura, sino que les proponÃa una profunda transformación espiritual desde el ejemplo: inspiró a la comunidad a participar en los ejercicios espirituales, lo que fue una experiencia de retiro y reflexión religiosa que presentaba como accesible para todas las personas. Él mismo se encargó de llevar personalmente a los interesados hasta la ciudad de Córdoba; por esto, demostró que era necesario construir una casa de ejercicios en Traslasierra, que fuera de fácil acceso.
¿Cómo lo logró? No dudó en tocar la puerta de su amigo, entonces gobernador, Miguel Juárez Celman (posteriormente presidente de Argentina). Se habÃan conocido en la universidad y hecho grandes amigos. A través de sus vÃnculos, Brochero impulsó el desarrollo de la región, insistiendo sobre todo en la creación de escuelas, la instalación de telégrafos y bancos, y la mejora de la infraestructura local.En sus últimos años, Brochero sufrió lepra, enfermedad que contrajo al compartir mate con un enfermo. A pesar de quedar sordo y tener que enfrentar serias limitaciones fÃsicas, nunca dejó de trabajar por su comunidad. Murió a los 73 años y, aseguran, que sus últimas palabras fueron: “Ahora estoy listo para el viajeâ€, lo que refleja la serenidad y el compromiso con el que vivió.
Dos años después de su fallecimiento, en 1916, la localidad de Villa del Tránsito fue renombrada Villa Cura Brochero en su honor. Décadas más tarde, en 2013, un milagro atribuido a su intercesión permitió su beatificación, y finalmente, Según el testimonio recogido en el proceso de canonización, se describió al cura como un “paisano más entre los paisanosâ€, un hombre sencillo que marcó un antes y un después en las sierras de Córdoba: su obra dejó un ejemplo de liderazgo y fe.Miguel Ãngel Ortiz es periodista de Córdoba y en 2013 comenzó a indagar en la obra de Brochero: entonces, se hablaba del primer milagro y se le encargó escribir un libro, y publicó El santo de los pobres, donde repasa la vida y obra del cura lejos de un vÃnculo religioso, sino que buscó resaltar sus lazos con la gente.“Brochero decÃa que habÃa que salvar el alma, pero también salvar el cuerpo. Entonces empezó a ver que no habÃa escuelas, o habÃa muy pocas; que no habÃa caminos, que no habÃa tarjeta postal, que no habÃa acueductos para el riego de cultivos. Y empezó a trabajar con la gente: Brochero llegaba a un lugar y, simplemente, proponÃa trabajos por hacer y él trabajaba a la par. Llegó a formar comisiones con los pobladores para que administrara las donaciones, como cuando habÃa que levantar una iglesia, por ejemplo. Como los criollos eran católicos, tenÃa recepción con ellos y les generaba confianza. Era mutuoâ€, relata el también autor de “Brochero, un santo cordobésâ€, de 2016.A eso agrega las otras obras que encabezó el sacerdote y cómo están en la actualidad: “Del acueducto quedan vestigios, muy pocos. Pero también se encargó de que en las construcciones se usaran ladrillo de adobe: él fue un impulsor del ladrillo cocido y eso aún se conservaâ€.
Hernán Lanvers, médico y autor de cinco novelas históricas, relata un encuentro fugaz entre Brochero y el secretario de la presidencia de Juárez Celman. El relato vislumbra el carácter del hombre detrás de la sotana.Cuando el ceremonioso empleado le dijo que era imposible. El cura insistió. Lo hizo una y otra vez, hasta que le puso el bulto marrón en sus manos, entregándoselo. Y moviendo la cabeza de un lado a otro le dijo, con esa tonada de Traslasierra que hace esdrújulas casi todas las palabras: ‘Mire, vaya entonces y dÃgale a Miguel que el Cura Brochero lo quiso ver. Y que le deja este queso casero que le manda una paisana, para que lo pruebe. Con la condición de que no le dé a usted, de él, ni una pizca, por ser tan, pero tan pelotudo...’. Y dándose media vuelta, el cura que se harÃa leyenda desde las Altas Cumbres hasta el mismo Vaticano, tomó hacia la Plaza de Mayo y caminando despacio se fue. El Cura Gaucho, como todos lo llamaban, era, a veces, malhablado. Sobre todo, con quienes se lo merecÃan...â€.
“Con Juárez Celman eran amigos, se conocÃan desde la Universidad. También fue amigo de Yrigoyen, antes de que también entrara a la vida polÃticaâ€, revive Ortiz.Al destacar una de las obras más importantes de Brochero dice: “Él querÃa que el ferrocarril llegara a Villa Dolores, donde yo vivo actualmente, una ciudad de unos 30 mil habitantes. Su idea era que el tren se extendiera unos 120 kilómetros hacia el norte. Imaginate la Sierra de Córdoba, que es un cordón montañoso que en el mapa cruza de sur a norte, y norte a sur... En ese tiempo, el ferrocarril era lo más importante y marcaba el progreso. Lo habló con Yrigoyen, lo gestionó y logró que llegara hasta Villa Dolores, en 1905. Y se levantó en 1989, en época menemista. Esos predios que eran del ferrocarril hoy están tomados y hay mucha gente pidiendo que vuelva la lÃnea ferroviaria. Aunque antes de sacarlo no habÃa viajes de pasajeros, sà habÃa de carga porque esta es una zona de mucha producción de papas y de ladrillos. Esos productos salÃan por el ferrocarrilâ€.
Pese a las amistades con la clase polÃtica que tenÃa Brochero, Ortiz explica que “no tenÃa vÃnculo partidario con ellosâ€.Pese a no tener un partido polÃtico que lo representara, sà tuvo sus ideas bien marcadas, según opina Ortiz. “Creo que Brochero fue demasiado zurdo para su época, y eso no fue bien visto por la iglesia argentina del siglo 20. Su trabajo es admirable. Me parece que la santidad de él pasa por hacer, por ser un hombre extraordinario y por hacer en vida. Pensá que pese a todo lo que socialmente hizo, recién en 2013 hubo que demostrar que hizo un milagro para canonizarlo, digo esto entrando en lo más mÃtico, pero hay un montón de pequeños ‘milagros’ que hizo Brocheroâ€.
Convencido en su hipótesis, sigue: “Creo que haya gracias a él una Iglesia tan cerca de la gente y que el actor social se comprometiera tanto, en lo personal, con esa gente, es un legado que el cura ha dejado y lamentablemente no ha sido seguido, porque la clase polÃtica lo usa para el turismo, para congraciarse con los votantes, pero Brochero dejó una huella muy profunda y muy clara. Es decir, habÃa que arremangarse, y lo hacÃa. No marcaba diferencias... A finales del siglo 19, le dio una importancia distinta a la mujer e impulsó para que se eduque. Eso es muy importante y no olvidemos en qué época y con qué pensamiento reinante en el paÃs lo logróâ€.Lo más trasformador para Ortiz, es la el ejemplo que dio. “Su ejemplo es la humildad ante las cosas. Porque recordemos que venÃamos de una iglesia que era una autoridad religiosa, pero también era una autoridad social, sobre todo en lugares donde no estaba el Estado. No habÃa un registro de nacimientos que no fueran los chicos, entonces una persona tenÃa un nombre porque tenÃa un acta de bautismo. Brochero, como actor social, se comprometió mucho con la gente. Y ahora su lugar creció como él soñó y ahà está también su legadoâ€, finaliza.