5 de abril de 2025
Los dólares en el colchón superan en una vez y media a la deuda externa y en ocho veces a la inversión productiva
Al cierre de 2024 sumaban 246.000 millones, según el Indec. Esa cifra supera en más de seis veces la deuda con el FMI y en más de 60% al total de activos externos privados
El dato contrasta de manera directa con las necesidades de financiamiento estructural de la economÃa argentina, y representa más de 166% de la deuda externa bruta del sector público nacional (bajo legislación extranjera) que ascendÃa a fines de 2024 a USD 147.871 millones, y supera en más de cuatro veces la deuda con el Fondo Monetario Internacional que sumaba USD 40.588 millones, según datos oficiales del Ministerio de EconomÃa y la SecretarÃa de Finanzas.
Además, los dólares en el colchón (no declarados ante la ahora bautizada ARCA -ex AFIP-, guardados en cajas de seguridad privadas y de entidades bancarias, y en circulación entre la población) representan más de tres veces y media la A la vez, el volumen de inversión bruta fija del paÃs en máquinas y equipos se ubicó en USD 30.400 millones en 2024, lo que implica que los activos externos lÃquidos no declarados equivalen a más de ocho veces el total invertido anualmente en bienes para aumentar la productividad y competitividad (sin incluir construcción un material de transporte).El fenómeno de los “dólares en el colchón†o fuera del circuito formal no es nuevo, pero se reconfigura al contrastar con la fragilidad de las cuentas externas del Estado. Las reservas netas del Banco Central, según estimaciones privadas, se mantienen en terreno negativo, pese al En este contexto, la masa de dólares ociosos representa una paradoja: la economÃa argentina sufre escasez de divisas públicas mientras se acumulan divisas privadas que no se canalizan hacia la actividad productiva ni el sistema financiero.La dificultad para atraer esos fondos al circuito formal se refleja también en los resultados acotados de los distintos regÃmenes de exteriorización de capitales implementados en los últimos años. Los sucesivos blanqueos fiscales, incluso aquellos con beneficios impositivos o cambios regulatorios, mostraron niveles de adhesión limitados. En muchos casos, los contribuyentes prefirieron mantener sus activos fuera del sistema ante la falta de garantÃas de estabilidad jurÃdica y cambiaria.En esos casos, únicamente en dos oportunidades la medida fue efectiva para provocar la disminución de los dólares en el colchón y aumento de los depósitos en esa moneda en el sistema bancario: bajó en USD 1.671 millones en el primer año de presidencia de Macri y cayó en USD 11.274 millones en el primer año de la administración Milei.
A modo de referencia histórica, el stock de activos externos crece de forma constante desde los años noventa, con un salto marcado tras la crisis de 2001 y nuevamente en el perÃodo 2018-2020, cuando se endurecieron los controles de cambio y aumentó la inflación. Esa tendencia refleja que la acumulación de activos fuera del sistema responde a decisiones estructurales y no meramente coyunturales.A diferencia de otros paÃses de la región, donde el ahorro privado tiende a financiar parte del desarrollo productivo vÃa mercado de capitales o crédito, en Argentina persiste un esquema donde la desconfianza conduce a la acumulación de activos en el exterior o en cajas de seguridad.
En paralelo, la escasez de divisas lleva al Estado a recurrir a deuda externa, acuerdos de financiamiento con organismos multilaterales o mecanismos de control cambiario que terminan afectando el normal funcionamiento del comercio y la inversión.Para revertir esta dinámica, economistas plantean que no alcanza con incentivos puntuales como regÃmenes de blanqueo, sino que se requiere un entorno sostenido de estabilidad macroeconómica, consolidación fiscal, reglas claras y mayor profundización del mercado financiero.
En la discusión sobre alternativas para canalizar ese capital privado hacia el desarrollo productivo, aparecen opciones como bonos atados al dólar, vehÃculos de inversión en infraestructura o instrumentos de deuda corporativa con respaldo en activos reales. Sin embargo, la experiencia reciente muestra que la demanda por estos instrumentos es limitada en contextos de alta incertidumbre polÃtica y macroeconómica.De ahà que no parece casual que uno de los argumentos que utiliza el Gobierno para avanzar hacia un régimen de libre circulación de monedas sea la posibilidad de captar parte de esos activos externos ociosos (no generan renta) para financiar tanto al Estado, como principalmente al propio sector privado.
La convicción oficial es que un entorno de competencia monetaria y sin restricciones cambiarias podrÃa reducir el costo de oportunidad de invertir en el paÃs, y facilitar que el ahorro en dólares se canalice hacia instrumentos locales, proyectos productivos o el mercado de capitales.En ese sentido, se espera que medidas como la eliminación del cepo, la desregulación de instrumentos financieros en moneda extranjera y mayor seguridad jurÃdica contribuyan a reconstruir la confianza necesaria para repatriar parte de esos fondos.Esa paradoja sigue siendo uno de los grandes desafÃos estructurales de la economÃa argentina.