6 de abril de 2025
El argentino que convirtió “una pelota rara” en un pasaporte para conseguir becas de estudio en EE.UU. y un contrato en Hungría
Juan Cruz Burnet tiene 23 años y nació en Adrogué, provincia de Buenos Aires. Emigró con su familia a Nueva York cuando tenía dos años y al comenzar la primaria descubrió el fútbol americano, un deporte que le abrió muchas oportunidades
La familia se radicó en Flushing, un barrio del distrito de Queens, donde residen mayoritariamente las comunidades asiáticas. “Cuando fui al colegio, eran todos chinos. No entendÃa nada. Me preguntaba: ‘¿Estoy realmente en Estados Unidos?â€, relató Juan, quien comenzó a aprender el idioma inglés recién cuando lo anotaron en el jardÃn de infantes.
Ese fue el segundo cambio abrupto que experimentó. Ya que en su casa solo hablaban español y no le quedó otra que aprender a la fuerza para poder comunicarse con sus compañeros y la maestra. Pero lo más impactante aún estaba por venir.Cuando tenÃa ocho años vio por primera vez una pelota de fútbol americano que no se asemejaba en lo más mÃnimo al concepto que él tenÃa de pelota de fútbol. Hasta entonces, su único contacto con los deportes habÃa sido el fútbol tradicional. “Jugábamos al fútbol en el jardÃn con los chicos, con una pelota redonda. Un dÃa aparecieron con una pelota rara, ovalada, y yo no entendÃa nadaâ€, remarcó.“El fútbol americano me encantó desde el primer dÃa que lo jugué. Me enseñaron lanzar la pelota, a atraparla, y a cómo pararme en la canchaâ€, relató.
Su entusiasmo lo llevó a sumarse a un equipo local: los Valley Stream Hornets, que competÃa en una liga juvenil con sede en Long Island. Ese fue el primer club que lo fichó formalmente. Jugó allà hasta los 15 años, y fue en esos años donde comenzó a destacarse como lÃnea ofensiva, una posición clave en la protección del mariscal de campo y en el avance de las jugadas.Su talento y crecimiento sostenido en esas categorÃas menores llamaron la atención de entrenadores de nivel escolar superior, lo que marcarÃa el próximo paso en su carrera deportiva con su incorporación al equipo de Saint Francis Prep, una escuela secundaria privada con programa deportivo.
“Me dijeron que jugaba muy bien y me ofrecieron una beca para jugar ahÃâ€, contó Juan sobre ese colegio que quedaba a unos 30 minutos en auto de la casa familiar en Long Island, adonde se habÃan mudado para tener más espacio tras el nacimiento de sus hermanas.A pesar de que el equipo de la escuela, llamado “Terriersâ€, sumó algunos jugadores además de Juan, nunca logró consolidarse en la tabla de posiciones. “TenÃamos buenos jugadores, pero no encontrábamos el ritmo para ganar partidos. Nunca tuvimos una buena temporadaâ€, admitió.
Una vez que terminó el secundario, Juan tuvo propuestas de varias universidades que querÃan ficharlo como jugador de sus equipos. Entre ellas estaban la University of New Haven, en Connecticut y la Assumption University, en Massachusetts. Ambas representaban oportunidades competitivas en el fútbol americano universitario, pero estaban ubicadas a unas cuatro horas de distancia de su casa, lo que implicaba mudarse.Ingresó con una beca que le cubrÃa la totalidad de la carrera de Terapia FÃsica, pero tras año y medio decidió cambiar de rumbo. “Los temas eran muy difÃciles. No entendÃa nada. Era mucha medicina, y yo no era bueno en esoâ€, reconoció. Asà fue como se inscribió en CriminologÃa, y actualmente le quedan tres materias para recibirse.
En noviembre pasado, tras jugar su último partido universitario donde su equipo se consagró campeón del torneo, recibió un mensaje por Instagram que cambiarÃa su destino. “Era del entrenador de los Budapest Cowbells, un equipo de fútbol americano en HungrÃa. Al principio pensé que era un engañoâ€, contó sobre la sorpresiva propuesta.El club le ofrece un departamento compartido con otros jugadores estadounidenses, comidas cubiertas en restaurantes, transporte público gratuito y un salario mensual. “Todo lo que gano lo estoy ahorrando. Mi idea es irme a pasear por Europa con mi novia cuando termine el contrato en agostoâ€, aseguró sobre sus planes a futuro.
Aunque en un principio Juan se resistÃa a alejarse de sus afectos, la experiencia en HungrÃa lo hizo cambiar de perspectiva: “Nunca pensé que se podÃa jugar fútbol americano en Europa. Pero hay ligas en España, Alemania, Francia. Me dijeron que puedo hacer una carrera acá. Eso me abrió la cabezaâ€.Una vez terminado el viaje con su novia, Juan planea regresar a Estados Unidos para graduarse en CriminologÃa. Aunque todavÃa no tiene una decisión tomada, no descarta volver a Europa para seguir jugando o, incluso, iniciar una carrera como entrenador profesional.