14 de abril de 2025
La segunda vida de Lolo, el caniche al que iban a sacrificar porque no caminaba y el amor de un pueblo para salvarlo
Carolina Cervasio, proteccionista de Junín, intervino a tiempo y rescató al cachorro que nació con una malformación congénita. Desde entonces, comparten la vida al lado de sus otros nueve animales rescatados. Pudo ser operado varias veces gracias a una red solidaria que se movilizó para darle una segunda oportunidad
Actualmente convive con diez perros a los que decidió darles una segunda oportunidad y una vida digna. “Vivimos todos juntos adentro de mi casa y somos felicesâ€, dice, y reafirma que “eso es lo más importanteâ€.
Por las noches, cuando suena el teléfono, Carolina ya sabe que puede tratarse de una urgencia. En JunÃn, ciudad en la que vive desde hace varios años, su número circula en el mundo del proteccionismo como un recurso de auxilio. De manera independiente, lleva años rescatando animales abandonados, lastimados, descartados. Medio JunÃn la llama cuando nadie más responde. Pero aquella llamada fue distinta.La voz delataba que se trataba de una persona mayor, que no demoró en hacer directamente su pedido: “Necesito alguien que me sacrifique el perroâ€. Carolina, acostumbrada a escuchar de todo, preguntó la razón. La respuesta fue un golpe seco que dejó tan perpleja como enfurecida a la proteccionista: “Porque no caminaâ€. Se trataba de un cachorro con una malformación congénita, “nacido asÃâ€, como explicó la voz al otro lado. Y esa condición bastaba, para quien lo habÃa comprado, como justificación para matarlo.“La maldije bastante a Romina, que es una chica divina, pero bueno, me enojé con ella por la situación. Le dije que como ella me metió en eso, que ella me saque... Me dice sÃ, y qué querÃa que hiciera. Le pedà que fuera a la casa de esa mujer y le sacara al perro, diciéndole que consiguió quien lo sacrificara, porque la sentà muy, pero muy decidida a conseguir alguien que lo matara. Al otro dÃa, nos organizamos con Romina y a las 9, apenas abrió la veterinaria, llegó bajo la lluvia, en su moto y con el perrito. Yo la esperaba en la puerta llorando, porque encima soy flojÃsima y tenÃa miedo de que el veterinario me dijera que efectivamente habÃa que sacrificarlo. Ese era mi gran miedoâ€, revive.
Junto al veterinario, lo miraron y no supieron por dónde empezar. Ese mismo dÃa, desesperada, Carolina subió un video a su cuenta de Facebook y contó: “Me lo dieron para sacrificar. No sé cómo, pero no lo quiero hacerâ€. La respuesta que recibió fue conmovedora. Cientos de personas desconocidas no dudaron en donarle dinero para el tratamiento de Lolo, como lo llamó. Hubo personas que la conocÃan y que le acercaron dinero; otras, que la cruzaron en la calle y le preguntaban cómo colaborar. Toda la ciudad de JunÃn se impuso la misión de salvar la vida del caniche de mirada triste. Y asà fue como juntó el dinero suficiente para trasladarlo para ver a un neurólogo en Flores, ciudad de Buenos Aires.Luego de descartar que la invalidez fuera por causas neurológicas, comenzó otra etapa para la salud de Lolo que terminó en cuatro cirugÃas realizadas en JunÃn. Eso era lo que los veterinarios le aconsejaron y Carolina lo hizo todo para el bienestar del animal. Lo llevó a cada cita médica, lo sostuvo mientras lo revisaban y le hacÃan las placas radiográficas.
“Lo operaron cuatro veces, lo entablillaron, dejándole los bracitos tiesos, como deberÃan estar, porque él tiene doble luxación en ambos hombros y ambos codos. Pero cuando lo desentablillaban, por ahà después de un mes, los volvÃa a luxar él mismo. En la cuarta cirugÃa, Alejandro Panet, el veterinario que hasta inventó cosas por él, me dijo: ‘Es muchÃsimo lo que le estamos haciendo. Ya está. Yo te dirÃa que seas feliz, que hagas que sea un perrito feliz con lo que puedas, como puedas, porque ya tiene reuma deformante y tiene deformados los hombros y los codos’â€.Hoy Lolo, —el cachorro que alguien pretendió matar porque no caminaba— vive en una casa llena de perros que cargan con historias parecidas a la suya: uno ciego, una perra con una pierna rÃgida, otra con vértigo, una caniche micro toy descartada por tener un “defectoâ€. “Todos tienen historias fuleras. Pero bueno, están acá, conmigoâ€, subraya la mujer que vende piedras pintadas en las ferias de JunÃn “para solventar gastos de mis animales rescatadosâ€, cuenta en su perfil de Instagram, @piedrasconvida, donde deja ver su talento con los pinceles.
Volviendo a aquella mujer, Carolina quiere contar que se tomó el tiempo para averiguar quién era. Supo su nombre y su cargo público. “Trabaja en el PAMI en JunÃn. Es patético que esté a cargo de los abuelosâ€, dice con rabia. Se la cruzó varias veces y no se guardó las palabras. A cada persona que le preguntó por ella, no temió en contarle quién era y qué habÃa hecho.