17 de abril de 2025
El argentino que se hizo pasar por un atleta para ingresar al país más hermético del mundo: “En algunos lugares ni podés reírte”
Ramiro Cristofaro, de 32 año, tuvo que correr una maratón para conseguir la visa. En este país, los extranjeros solo pueden moverse acompañados por un guía local y cumplir reglas estrictas
Los maratonistas partieron desde el estadio Kim-Il-Sung, el segundo más grande de la ciudad de Pyongyang con capacidad para unos 60.000 espectadores. Durante aproximadamente dos horas, los corredores internacionales y locales pudieron moverse sin supervisión directa del gobierno, algo extremadamente inusual en el paÃs.
La carrera tenÃa varias modalidades. Cristofaro eligió la versión más corta: cinco kilómetros. “No entrené nada. Como se dio todo con diez dÃas de anticipación, pensé que si entrenaba me podÃa romper algoâ€, afirmó. La completó en 38 minutos, suficiente para recibir una medalla y un diploma oficial.Ramiro contó que la carrera fue también el único momento en el que los visitantes pudieron deambular sin la presencia obligatoria de guÃas oficiales del gobierno. “El resto del tiempo te acompañan al menos cuatro personas del Estado. No podés caminar solo ni salir del hotel sin compañÃa. Y si lo hacés, no sabés qué te puede pasar. Es una regla clarÃsima que te advierten apenas pisás el paÃsâ€, afirmó.
A su llegada a Corea del Norte, el joven debió entregar su pasaporte, que quedó retenido hasta el dÃa de su salida. En el aeropuerto, las autoridades revisaron equipajes, anotaron el modelo de los celulares e indicaron qué tipo de contenidos eran inadmisibles. “Te piden que no tengas material religioso, pornográfico o polÃtico. Incluso mensajes de WhatsApp con comentarios negativos sobre el paÃs podrÃan ser problemáticosâ€, detalló.Durante los seis dÃas que duró su estadÃa, la agenda fue estricta y estructurada. “HabÃa actividades desde temprano. A las 6:30 ofrecÃan sesiones de running, pero yo no fui a ninguna. Después hacÃamos visitas culturales: monumentos, museos, almuerzos en ferris sobre el rÃo, y siempre con mucho protocoloâ€, contó.
Uno de los primeros puntos del itinerario fue el Monumento de los Grandes LÃderes, donde debieron rendir homenaje con flores y reverencias obligatorias. “En algunos lugares no podés hacer gestos ni reÃrte. Son espacios extremadamente sensiblesâ€, advirtió.El viaje, incluyendo vuelos desde Beijing, alojamiento, comidas, inscripción a la maratón y la visa, le costó 2.200 dólares, más 70 dólares por la visa. “Todo está incluido porque no podés hacer nada por tu cuenta. No existe ir a un kiosco a comprar algo. Si querés ir a un bar, tenés que pedir permiso y te asignan un guÃaâ€, dijo Ramiro.
El proceso de ingreso comenzó en Beijing, donde se realizó un briefing previo con el operador turÃstico. Allà les explicaron las normas básicas del paÃs y los riesgos asociados a conductas inadecuadas. La visa fue tramitada en la embajada norcoreana en la capital china, un dÃa antes del vuelo hacia Pyongyang.Durante su estadÃa, Ramiro también recibió explicaciones oficiales sobre la versión local del origen del COVID-19. Según los guÃas, el virus ingresó al paÃs en 2022 a través de globos enviados por Corea del Sur, provocando 74 muertes en 90 dÃas.
“No lo dijeron como propaganda, sino como algo que ellos realmente creenâ€, afirmó el argentino al remarcar que aún siguen existiendo medidas sanitarias al respecto. “Te toman la temperatura en el aeropuerto y el hotel, y uso de alcohol en gel para ingresar a lugares públicos o parques abiertos sigue vigenteâ€, añadió.Sobre el blindaje al turismo, Ramiro resumió: “La sensación era que todos sabÃan que éramos extranjeros. Nos miraban con una mezcla de sorpresa y curiosidad. Era como si hubieran caÃdo los intrusos en la ciudad. Y aunque todo está controlado, la experiencia fue intensa, única e irrepetible. No sabés si van a volver a recibir extranjeros en cinco meses o en cinco añosâ€.