18 de abril de 2025
Un fiscal le pidió perdón y la Justicia lo absolvió: a 20 años del juicio a Calamaro por decir que se fumaría un “porrito”
El 18 de abril de 2005, hace dos décadas, el músico se presentó ante el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata horas antes de su regreso a los escenarios argentinos después de cinco años de ausencias. Ese mediodía, fue absuelto finalmente por una causa absurda: lo habían acusado de “preconizar o difundir públicamente el uso de estupefacientes” luego de decir al micrófono “me estoy poniendo tan a gusto que me fumaría un porrito”
Asà que le ofreció disculpas al cantante en nombre de la Justicia por la prolongación del proceso y treinta minutos después, la presidenta del tribunal, la jueza Aparicio dictó la absolución.
Todo ocurrió un sábado en el que la ciudad de La Plata cumplÃa 112 años. HacÃa calor en la plaza Moreno de la capital bonaerense y decenas de miles de personas se apretaron y descontrolaron bajo un escenario en el que La Portuaria y Virus habÃan sido invitados para celebrar el aniversario con su música. SÃntoma de época, el público estaba algo descontrolado. Volaban al escenario desde bombachas a botellazos. Alguien, de hecho, pensó en suspender todo antes de que el desastre fuera total. Pero apareció Andrés Calamaro, la estrella anunciada para el cierre del festival y pidió una oportunidad de antemano. Él sabÃa cómo calmar a las fieras.
Como un René Lavand de la trova rockera, no lo pudo haber hecho más lento. El guiño de Calamaro calmó la tempestad. Abajo, una multitud plagada de jóvenes que fumaba cannabis a escondidas porque las razzias y las causas simplemente por llevar un porro en el bolsillo engordaban falsamente las estadÃsticas de luchas contra el narcotráfico y “drogadicciónâ€, un término que hacÃa punta en aquellos años. AsÃ, el resto del show fue una fiesta: lo que volaba ya no eran las botellas hacia el escenario sino el público mismo.
Decir “porro†en 1994 era una amoralidad para mucha gente. Lo consideraban una provocación. Lejos de ver a la planta como parte de una industria aceptada y legalizada en muchos paÃses como ocurre en la actualidad, en esa época era una droga fatal asociada a lo peor de la delincuencia.Y asÃ, por decir una palabra, Andrés Calamaro atravesó la década siguiente con una absurda investigación sobre sus espaldas que aunque parecÃa una pavada no lo era. El artista ya habÃa escrito algunas canciones sugerentes respecto del uso de la marihuana.
Y conocÃa lo que era la amenaza de la prisión por tenencia de drogas. En 1978, con apenas 17 años, la División de ToxicomanÃa de la PolicÃa Federal de la dictadura militar lo detuvo junto a dos de sus compañeros del grupo RaÃces, Beto Satragni y Pepe Luis, mientras los tres caminaban por la avenida Corrientes. Les sacaron algunos porros y los mandaron a un calabozo en la zona porteña del Bajo. “Yo casi me cago encimaâ€, me comentó Calamaro en una entrevista para el libro “Marihuana. La historia. De Manuel Belgrano a las copas cannábicasâ€.Lo cierto es que esa tarde comenzó una relación imperecedera, que incluye el noble sentido de la amistad, entre Calamaro y Stefanolo, el ángel guardián del rock argentino. Dos décadas y seis años después, músico y abogado fueron reunidos por el director audiovisual Hernán Siseles para un documental en desarrollo sobre la vida de “Joe†y ambos recordaron aquel episodio en La Plata.
“Aquella noche hubo un hecho de violencia que se da mientras tocaba La Portuaria. Tiran algo al escenario y le pegan a uno de los chicos del grupo. Ahà se produce un desmadre, están por suspender el evento y Andrés dice que no, que él lo puede manejar. En ese momento habÃa 50 mil personas en la calle. Entonces Andrés sale al escenario y empieza con una sucesión de frases memorables y logra que el público se calmeâ€, recordó Stefanolo en la charla con Siseles.“Yo pensé que unas palabras cómplices con el público podÃan servir para tener una mejor sintonÃa con la gente y recordé a Tierno Galván, el alcalde de Madrid, que en 1984 dijo ‘al loro y a ponerse morados’, a ponerse atentos y relocos, como si el alcalde hubiera sido Hernán de Mala Fama diciendo ‘la sustancia, la vagancia’ y yo dije eso, si tiene que quedar una frase para la posteridad tiene que ser esaâ€, comentó Calamaro, que en 1994 tenÃa 33 años.Unos años antes, en 1988, los paÃses de la ONU habÃan firmado la Convención contra el Tráfico IlÃcito de Estupefacientes y Sustancias Psicotrópicas, entre cuyos puntos se destacaba que los paÃses debÃan adoptar “medidas necesarias†para tipificar delitos penales como la adquisición, posesión o cultivo para consumo personal. En septiembre del 1989, el Senado obedeció y sancionó la ley actual de drogas.
Era parte del contexto general que tenÃa por objetivo alimentar la “lucha contra el narcotráfico†con perejiles que tenÃan porro para consumo personal. En 1992, un informe de la FiscalÃa de la Cámara Federal mostró que el 42% de los detenidos ese año tenÃa menos de un gramo de la planta y el 32%, entre 1 y 3 gramos.
Dos años después de la denuncia de Granillo Fernández, el juez federal de La Plata Humberto Blanco dictó el sobreseimiento de Calamaro, fallo que fue respaldado por el camarista Leopoldo Schiffrin cuando el caso llegó a una segunda instancia, aunque los otros integrantes de la Cámara Federal opinaron lo contrario a su colega y dieron vÃa libre al proceso y al consecuente juicio oral, que llegarÃa diez años y cinco meses después del recital del “porritoâ€.“Los jueces nunca querÃan llegar a una decisión, porque no sabÃan qué hacer con esto. Condenarlo les daba vergüenza y no condenarlo también les daba vergüenza. Por eso se estiró tanto. Estar con una causa durante diez años es molesto. Andrés tuvo allanamientos de Interpol en el Gran Rexâ€, contó Stefanolo a Siseles.
Once años después, el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata sentó en el banquillo de los acusados al autor de Aquà no podemos hacerlo cerca del mediodÃa. Esa misma noche arrancaba una serie de conciertos en el Luna Park, después de muchos años de Madrid y casi nada de Argentina.
“Fue terrible porque era el primer concierto después de no tocar cinco años. Levantarme temprano para llegar a La Plata no estaba en mis planes, pero bueno, lo hicimos. La jueza, por supuesto, sobreseyó el caso, me pidió disculpas y un autógrafo. Asà termina todo en Argentinaâ€, reflexionó Calamaro ante Siseles.
“De cualquier modo, yo formo parte también de ese delay de once años, porque entre el 94 y el 2005 no siempre me encontraba yo con ganas ni en condiciones de presentarme en una comisarÃa o en un juzgado. Y si no tenÃa ganas, hacÃa lo que hago siempre: ‘chau, estoy en España’â€, admitió Andrés.