El nuevo Papa y la herencia económica de León XIII: claves de una elección simbólica en plena era digital
Al adoptar el nombre de quien escribió Rerum Novarum, el pontífice remite a un tiempo de aceleración tecnológica, tensiones sociales y redefiniciones políticas que resuenan con el presente
>Desde el momento en que se conoció la elección de
Además de las referencias a su biografÃa, desde su nacimiento y su vida hasta su temprana juventud en Estados Unidos y su experiencia pastoral en Chiclayo (Perú, paÃs del que también adoptó la nacionalidad), que recordó en su primer mensaje desde los balcones de la BasÃlica de San Pedro, se destaca la elección del nombre con el que ejercerá su papado, León XIV. Su predecesor de nombre, el italiano Gioacchino Pecci, Rerum Novarum se difundió en un contexto que guarda similitudes con los tiempos actuales. Desde mediados del siglo XIX se vivÃa una situación de euforia revolucionaria y, a la vez, acelerado cambio tecnológico. En 1847 Karl Marx y Friedrich Engels habÃan publicado “El manifiesto comunistaâ€, al año siguiente se desencadenó una oleada revolucionaria en Europa y la llamada “segunda revolución industrial†generaba diferencias de ingresos y riquezas que favorecÃa el avance entre los sindicatos de la tesis marxista de la “lucha de clasesâ€.En la segunda mitad del siglo XIX se habÃa ido generalizando el uso de ascensores, que dio más vigor a la construcción de edificios en altura, se perfeccionó el método Bessemer, que abarató la producción de acero, se creó el motor de combustión interna, que transformó la industria automotriz y revolucionó la movilidad y el transporte, se empezaron a fabricar las primeras máquinas de escribir de tamaño razonable, el quÃmico ruso Dmitri Mendeleiev publicó la original “Tabla Periódica de los Elementos†y en los años siguientes se fueron descubriendo las primeras “tierras rarasâ€,Fueron décadas en las que se conoció la pasteurización y refrigeración de alimentos, el sueco Alfred Nobel creó la dinamita, el norteamericano Thomas Alva Edison, que hizo de la invención una industria, creó la bombilla eléctrica que, en palabras del escritor de ficción y divulgador cientÃfico Isaac Asimov, “empezó a alejar la negrura de la noche†y a su vez facilitó las actividades nocturnas y la extensión de la jornada laboral. En aquellos años se pasó del telégrafo al teléfono, el croata Nikola Tesla construyó el primer motor de corriente alterna, el sueco Alfred Nobel creó la dinamita, de uso intensivo en minerÃa, el alemán Carl Benz construyó el primer auto “práctico†con motor a combustión interna, hallazgos del norteamericano Martin Hall y el francés Paul Héroult dieron lugar a un método más barato y eficiente de producción de aluminio y el británico John Dunlop creó el neumático, que mejoró la suspensión de los autos y facilitó su difusión. La suerte de subtÃtulo que encabeza la encÃclica, abundante en referencias económicas, es “Sobre la situación de los obrerosâ€, en torno de cuya orientación polÃtica y situación económica León XIII estaba muy preocupado , como muestran las primeras palabras de su carta: “Despertado el prurito revolucionario que desde hace ya tiempo agita a los pueblos, era de esperar que el afán de cambiarlo todo llegara un dÃa a derramarse desde el campo de la polÃtica al terreno, con él colindante, de la economÃaâ€. Rerum Novarum afirma repetidamente la propiedad privada como parte de la “ley natural†y en armonÃa con los principios cristianos. Refleja también la preocupación de la Iglesia por “la acumulación de las riquezas en manos de unos pocos y la pobreza de la inmensa mayorÃa†y se opone firmemente a “la solución socialistaâ€. Otro pasaje subraya la crÃtica eclesial a “algunos restauradores de desusadas opiniones†que si bien “conceden, es cierto, el uso del suelo y los diversos productos del campo al individuo, le niegan la existencia del derecho a poseer como dueño el suelo sobre que ha edificado o el campo que cultivóâ€.
Según la encÃclica, “la totalidad del género humano (…) encontró en la ley de la misma naturaleza el fundamento de la división de los bienes y consagró, con la práctica de los siglos, la propiedad privada como la más conforme con la naturaleza del hombre y con la pacÃfica y tranquila convivencia. Y las leyes civiles, que, cuando son justas, deducen su vigor de esa misma ley natural, confirman y amparan incluso con la fuerza este derechoâ€. Y cuando plantea el problema de mejorar “la condición de las clases inferiores –vocabulario decimonónico-, reitera que “se ha de tener como fundamental el principio de que la propiedad privada ha de conservarse inviolableâ€.
La encÃclica rechaza la idea de que “una clase social sea enemiga de la otra, como si la naturaleza hubiera dispuesto a los ricos y a los pobres para combatirse mutuamente en un perpetuo duelo (…). Ambos, dice, “se necesitan en absoluto: ni el capital puede subsistir sin el trabajo, ni el trabajo sin el capitalâ€. Subrayados el “derecho natural†y el rechazo a la lucha de clases, la encÃclica dice que, “en relación con los proletarios (…) la Iglesia quiere y se esfuerza en que salgan de su misérrimo estado†e inquiere sobre “qué parte de ayuda puede esperarse del Estadoâ€.
Pero aclara que lo que más contribuye a la prosperidad “es la probidad de las costumbres, la recta y ordenada constitución de las familias, la observancia de la religión y de la justicia, las moderadas cargas públicas y su equitativa distribución, los progresos de la industria y del comercio, la floreciente agricultura y otros factores de esta Ãndoleâ€.
Y concluye de modo equidistante al destacar, entre los deberes del gobierno “defender por igual a todas las clases sociales, observando inviolablemente la justicia llamada distributivaâ€. Hace dos semanas Milei condecoró con la Rerum Novarum, texto al que probablemente remita el nuevo Papa, defendÃa la propiedad privada, rechazaba la lucha de clases y afirmaba la subsidiariedad del Estado en un contexto mundial agitado por el conflicto polÃtico (que aquella vez se manifestó, dos décadas después, en la revolución rusa y la primera guerra mundial) y un acelerado cambio tecnológico. Como ahora.
¿Hasta dónde avanzarán la digitalización y una virtualidad que llevó al filósofo italiano Luigi Zoja a hablar de “La muerte del prójimoâ€? ¿Podrá la “transición energética†detener o mitigar el “cambio climáticoâ€? ¿Hasta dónde llegará la confrontación geoestratégica entre EEUU y China? ¿Cuánto cambiará la Inteligencia Artificial el mundo del trabajo, el arte, la polÃtica y tantos otros? ¿Cuáles serán sus efectos sobre la distribución del ingreso y de la riqueza?
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