12 de mayo de 2025
A 30 años de la muerte de Adolfo Pedernera: cerebro de “La Máquina” de River, ídolo en Colombia y un maestro para sus dirigidos
El recordado emblema del fútbol argentino también estuvo ligado a Boca Juniors, donde quedó a un paso de lograr la primera Copa Libertadores para el club
HabÃa nacido en Avellaneda el 15 de noviembre de 1918 y desde pibe mostró el amor por la pelota, inculcado por su padre, que también fue futbolista, en los bohemios tiempos del amateurismo. Los colores de Racing fueron los primeros que se alojaron en su corazón. SolÃa ir a la cancha, donde vio en acción a verdaderas leyendas como Pedro Ochoa (inmortalizado en un tango de Gardel), o al arquero Botasso, apodado Cortina Metálica. Un dÃa de 1932 fue al estadio de la Academia, como le gustaba recordar, y habÃa tanta gente que no pudo sacar el sándwich del bolsillo, que se habÃa llevado desde su casa. El equipo local fue derrotado por River 1-0 con un gol de quien era la sensación del momento: Bernabé Ferreyra.
Poco tiempo después, ese mismo chico que habÃa llorado la derrota en los tablones por culpa de River y de Bernabé, lucÃa la casaca de la banda roja y era compañero de El mortero de Rufino. Fue el 28 de julio de 1935, cuando con apenas 16 años, le llegó el momento del salto a la primera división. Sus condiciones llenaron prontamente los ojos de todos en River Plate y allà hizo su debut, en el empate en un tanto como local ante Ferro Carril Oeste. Esa tarde tuvo a su lado a otros grandes como José MarÃa Minella, Aristóbulo Deambrosi y Carlos Peucelle, quien, con su pase, que costó $10.000 en 1932, le dio al club para siempre el mote de Millonarios. De aquella tarde guardaba muchas anécdotas. Pero sobre todo una era especial para él: “Me marcó Pechito Della Torre, a quien habÃa admirado mucho tiempo cuando era defensor de Racing. En un momento, recibà una pelota, amagué el centro de zurda y él saltó. La enganché hacia atrás, mentà un centro con la derecha y él pasó de largo. La hinchada de River deliraba. Al terminar la jugada, me iba para el centro de la cancha y sentà que alguien me llamaba. Era Della Torre, que, con firmeza, me dio la primera lección que recibà en una cancha: ‘Eh, muchacho, venga. Es bueno que tenga habilidad y la demuestre, pero burlarse de los contrarios la va a traer más problemas que ventajas’. Me enseñó lo más importante que uno debe tener: respetoâ€. Un año más tarde, el 28 de junio del ’36, llegó su primer gol oficial. Fue a su manera, con un potente y colocado disparo que significó la victoria sobre Velez por 1-0. Por esa época, ya estaba en la primera de River otra leyenda de nuestro fútbol y que conformarÃa junto a Pedernera, la Máquina de la década siguiente: José Manuel Moreno. Ese año, Adolfo se dio el gusto de ganar su primer torneo con la banda roja. Hecho que repitió en la temporada siguiente, integrando un excelente ataque: Peucelle – Renato Cesarini – Bernabé Ferreyra – Moreno y él. “Tuve la suerte de estar al lado de hombres auténticos, recordaba. Grandes de verdad, que me enseñaron que el gran secreto de un equipo es que todos sepan respetar la camiseta que defienden, al público que paga la entrada para vernos y al compañero que confÃa en nuestra solidaridad. En River era una religión entregar la pelota al pie y, si era posible, sobre la pierna y el perfil favorable de quien la recibÃa. No hacerlo asÃ, era para nosotros, una falla grave. Un dÃa Bernabé me dejó un tiro libre. Quise lucirme metiendo un chanfle y salió un tirito. Enseguida me recriminó: ‘Oiga pibe, le dejé la pelota para que haga algo en serio, no con balas de fogueo. La próxima vez, le apunta aquÃ, entre los ojos, al último de la barrera. ¿Entendió?’ >El 18 de febrero de 1940 hizo su debut en la Selección, marcando uno de los goles en la victoria 3-1 frente a Paraguay. Pese a su inmensa calidad, no tuvo en el cuadro nacional la continuidad que merecÃa, quizás por la gran cantidad de jugadores destacados que habÃa en ese momento. Tampoco tuvo la suerte de disputar algún mundial, porque justo fue contemporáneo del ciclo (1938 – 1950) sin copas del mundo debido a la Segunda Guerra Mundial. En total convirtió 7 tantos en 21 encuentros oficiales. El 21 de septiembre de 1941 floreció un hecho trascendente para la historia del fútbol argentino. Ante la lesión de Roberto D´Alessandro, Pedernera dejó de actuar por la izquierda y pasó al centro del ataque. Fue la presentación en sociedad de La Máquina, con un contundente 4-0 frente a Independiente en Avellaneda. Juan Carlos Muñoz – José Manuel Moreno – Adolfo Pedernera – Ãngel Labruna y Aristóbulo Deambrosi le pusieron nombres y apellidos a una formación célebre, que alcanzarÃa el cenit con la aparición de Félix Loustau en la punta izquierda.Sumó tres tÃtulos más -1941, 1942 y 1945- hasta que el 17 de noviembre de 1946 disputó su último partido oficial con la banda roja sobre su pecho, en un empate en dos tantos frente a Huracán. El mundo del fútbol argentino se vio conmocionado a comienzos del ’47, cuando se supo que Adolfo era nuevo jugador de Atlanta, que lo contrató en una cifra millonaria. Anotó 4 goles en los 28 cotejos que disputó en una campaña muy floja, que derivó en el descenso del cuadro de Villa Crespo, perdiendo nada menos que frente a River, en la fecha final.
Tras un paso por Huracán en 1948, llegó el momento de hacer las valijas y partir hacia Colombia, donde se convertirÃa en un Ãdolo absoluto, referencia ineludible de una revolución futbolera en ese paÃs. Junto a otros compatriotas como Alfredo Di Stéfano y Néstor Pipo Rossi, conformó un equipo de Millonarios de Bogotá que aún es recordado, por su calidad y que fue bautizado como El Ballet Azul.Pero ese fuego no se iba a apagar nunca. Apenas se habÃa clausurado una etapa. Ahora llegaba el tiempo del entrenador. En 1961 clasificó por primera vez a Colombia a un Mundial, dirigiéndolo en Chile ’62, con la recordada remontada frente a Unión Soviética, pasando del 1-4 al 4-4. Le imprimió su sello a Gimnasia, que en ese mismo ’62, hizo una de las mejores campañas de la historia, pudiendo ser campeón y perdiendo esa chance recién en la última fecha. Al año siguiente, estuvo a un paso de darle la primera Copa Libertadores a Boca, que cayó en la final frente al imbatible Santos de Pelé, pero se desquitó ganando el tÃtulo local en 1964.
En el ’69, fue llamado de urgencia, para dirigir a la Selección, que no encontraba el rumbo y debÃa afrontar las eliminatorias para México ’70. El desorden dirigencial era impactante y eso se reflejó en la cancha, con una dolorosa eliminación frente a Perú en la Bombonera. En el ’75 armó un inolvidable equipo de Talleres, que llegó hasta las finales del Nacional. Siempre con la premisa del buen juego. En el ’79, River Plate le abrió las puertas para que desarrollara otra de sus grandes pasiones, que era el trabajo formativo con los chicos.Siguió repartiendo sabidurÃa hasta los últimos dÃas. Disfrutó de los logros de su River en el primer lustro de la década del ’90, hasta que un 12 de mayo de hace 30 años, ese corazón tan futbolero y apasionado se detuvo. La pérdida fue dolorosa, pero el legado y sus enseñanzas, como la de todos los grandes de verdad, serán eternas.