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31 de agosto de 2025

Cafetines de Buenos Aires: el recuerdo del bar centenario que fue atacado a cañonazos en el golpe de 1955 y cerró hace medio siglo

Situado en la esquina de Corrientes y San Martín, la Helvética abrió en 1860, a pocos metros del hogar de Bartolomé Mitre, quien al finalizar su mandato como presidente creó el diario que funcionó en su casa hasta tener edificio propio. Al instante el café se convirtió en una extensión de su despacho, lugar de encuentro de periodistas y las plumas más destacadas del Río de la Plata. Esta es la historia de un bar centenario que poco después de los bombardeos del 16 de junio fue reducido a escombros

>Hoy estreno formato: contar un café que ya no funciona y que cerró hace muchos años. El relato es una suerte de spin off —como se dice en la actualidad— de una mención que, al pasar, escribí en la última reseña del Bar Guanabara. Me refiero a la anécdota ocurrida durante el derrocamiento del segundo gobierno democrático del presidente Juan Domingo Perón. Por entonces, Hipólito Gasamanes —dueño del Guanabara— era un muchacho que trabajaba en el Bar 9 de Julio. En esos revoltosos días, el patrón del bar, para resguardar la integridad de los empleados, no tuvo mejor idea que trasladarlos hasta su casa en Corrientes y San Martín. En ese cruce de calles, tanques del Ejército dispararon 24 cañonazos al Bar Helvética. Vengo a completar la historia.

En junio de 1955 aviones de la Marina descargaron toneladas de furia en modo bombas sobre la Casa Rosada y la Plaza de Mayo con la intención de matar al presidente. El objetivo no fue alcanzado, pero dejaron más de un millar de muertos y heridos entre los inocentes que transitaban por ahí. Y como en todo episodio de nuestra historia, siempre existe un café que acompaña los hechos.

¿Por qué ese bar? ¿Qué cosas habían ocurrido en su interior? El Bar Helvética abrió en 1860, en la esquina sudoeste de Corrientes —cuando era angosta— y San Martín. A poco de abrir, un ilustre vecino de la cuadra, domiciliado en San Martín 336, Bartolomé Mitre, fue electo presidente de la república. Al finalizar su mandato, en 1870, cuando Mitre pasó al llano, creó el diario La Nación, que comenzó a funcionar en su casa hasta la inauguración de un edificio propio también en la calle San Martín pero en 350. Por lo que la Helvética, de inmediato, se convirtió en un café de redacción. Las mejores plumas de la prensa y la literatura se sentaron a sus mesas de madera. Los cierres de notas y los titulares se definían en el salón. Los periodistas extranjeros acreditados en el país lo frecuentaban sabiendo que las noticias se conocían en la Helvética antes que en la Rosada.

¿Acaso los cañonazos fueron a callar a los periodistas del diario? Claro que no. Las razones fueron otras y fortuitas, pero antes completo la descripción del territorio en cuestión.

Iniciado el siglo XX, en la década del ‘30, se puso en marcha el ensanche de Corrientes. El proyecto circulaba por la ciudad desde los tiempos de Rivadavia. Pero no fue sino hasta la intendencia de Joaquín de Anchorena (1910-1914) que se retomó dentro de las obras que se realizaron con motivo de los festejos por el Centenario de la Revolución de Mayo. A pesar de ese impulso, la obra no prosperó. Recién a fines de la década del ‘20, se tomó el préstamo que permitió iniciar las expropiaciones necesarias. El plan urbano incluía la conversión de Corrientes en una ancha avenida que serviría de bandera para una ciudad que se pensaba una metrópoli moderna; la apertura de las diagonales Norte y Sur; el inicio de las obras de la Avenida 9 de Julio; y, como remate, la construcción de un monumento que recordara el IV Centenario de la Primera Fundación de Buenos Aires: el Obelisco.

Hacia 1940 se construyó en la vereda de enfrente de la Helvética el Edificio Transradio, ese cuya entrada está coronada por un gran reloj dorado con los signos del zodíaco. El Transradio fue proyectado por Alejandro Christophersen, el famoso arquitecto de nacionalidad noruega con más de veinte obras en la capital, entre otras: el Palacio Anchorena, actual sede de la Cancillería argentina. Había que ser un respetado y prestigioso profesional para ser contratado por Mercedes Castellanos de Anchorena. Christophersen también diseñó la fachada del Gran Café Tortoni, que da hacia la Avenida de Mayo, cuya inauguración, 26 de octubre de 1894, fue tomada por la legislatura porteña en el 2000 para designar el Día de los Cafés de Buenos Aires.

¿Y cómo fue que la Helvética terminó entre escombros provocados por cañonazos destituyentes? Retomo la anécdota.

El bar tuvo su resurrección. Fue en 1967, en la misma esquina, cuando en su lugar se levantó una moderna construcción de varios pisos. Esa parte de Corrientes jamás volvió a ser la misma. El ensanche y la “limpieza” iniciada por la “Libertadora” la cambiaron para siempre. Las nuevas construcciones fueron concebidas para ser sedes y oficinas de grandes empresas corporativas y entidades bancarias. La bohemia e intelectualidad de Corrientes se mudó hacia el otro lado del Obelisco. El nuevo Bar Helvética reabrió en el sótano del edificio. Funcionó bastante menos que el original. Sólo un par de décadas.

En 1975 la Helvética, un bar que había funcionado por más de 100 años y soportado todo tipo de tormentas, cerró para siempre. Un cielo oscuro en el horizonte anunciaba una tempestad de una intensidad inusual. El fenómeno nunca antes experimentado no solo cayó sobre la esquina de Corrientes y San Martín, lo hizo en todo el país.

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