25 de octubre de 2025
La historia de resiliencia de Pepe Marrone: el cómico que fue a boxeo para defenderse de su padre, pasó hambre y nunca perdió la fe
Hace 110 años nacía el capocómico que nunca dejó de mostrar su mejor sonrisa, a pesar de todas las dificultades vividas. Recordó en distintas entrevistas los maltratos de su infancia, los golpes brutales que le daba su progenitor y las carencias de sus primeros años de profesión
Lo cierto es que Pepe no se fue a vivir solo. “Me fui con una mujer que estaba en mi casa. Esta mujer, Cocola, estaba enamorada de mÃ. Y vivÃa en una pieza que mi mamá alquilaba, porque era pensionista. El marido era un vigilante de profesión: salÃa a las ocho de la noche, tenÃa que ir hasta Liniers, entraba a trabajar a las diez, terminaba a las seis de la mañana y llegaba a las ocho a la casa. Asà que ella me dijo que durmiera con ella. Yo cuando la vi me asusté. ¡Un miedo tenÃa! Pero me hizo hombre esa mujer. Cuando me fui de mi casa, mataron al marido. Y tiempo más tarde, me la encontré en un cafetÃn y me llevó a vivir con ella. Después fui soldado y la perdÓ, recordó sobre su primer concubinato, previo a su paso por el servicio militar.
Tiempo después, Marrone conoció a la Rosa, con quien se casó en 1937 y formó un dúo, —Rulito y la Gorda—, con el que trabajaban a la gorra para sobrevivir. “El momento más duro fue allá por el ‘39. Cada vez que cuento eso lloro como un niño. Uno puede ser un hombre como he sido yo en la vida, honesto, que no le debo nada a nadie. Siempre preferà morirme de hambre antes de ir a robar. Pero pasé las de CaÃn. Yo querÃa trabajar, querÃa hacer reÃr, querÃa ser cómico... Me dijeron: ‘¿Por qué no se va a RÃo Gallegos que terminó la esquila y hay plata?’. Y era verdad. Se suponÃa que hasta el 25 de mayo no iba a caer nieve, era el 1ro. No me olvido más. Entró uno y dijo que estaba nevando. Se me cayó el plato con las monedas. Me agarró la nieve y estuve todo un invierno varado. ¡Ay Dios Santo! No sé si podrÃa contarlo algún dÃa sin angustia, porque es muy triste lo que pasé. DormÃa en una galerÃa. No tenÃa para comer. Estaba con mi Gorda y hacÃa mucho frÃo, 18 grados bajo cero. Me levantaba con la escarcha en la boca del aliento >Pasaron diez años. Y cuando estaba a punto de tirar la toalla y dejar el espectáculo para poner un negocio, pensando en que ya tenÃa una hija, Coqui, que mantener, le llegó una oportunidad de trabajar en el Quisme. Y eso, simplemente, le abrió las puertas del éxito. “Yo habÃa juntado cinco mil pesos honradamente para abrir una verdulerÃa. Porque en ese momento rascaba. Trabajaba en el Copacabana, un varieté frente a plaza Once, y me tomaba el ómnibus para volver a La Plata donde vivÃa. Terminaba a las dos de la mañana y el último micro salÃa a las dos y diez. Un dÃa lo perdÃ. Y eso que yo era velocista, lo corrÃ, pero no llegué. Asà que estaba pensando en buscar otra cosa cuando me ofrecieron hacer este espectáculo. ¡Yo ni siquiera tenÃa un traje para el show! Conseguà un pantalón negro y me prestaron un saco piel de tiburón, que tuve que dar vuelta porque estaba gastado. Y debuté el 19 de marzo del año ‘47“, contó.Eran tiempos en los que la vida nocturna estaba asociada a las drogas. Pero él nunca cayó en esa trampa. “Los que somos del ambiente sabemos quiénes son los que toman. Pero a mÃ, jamás en la vida ni siquiera me pasó por la mente consumir. Y eso que tenÃa compañeros de camarÃn a los que veÃa dándose algún ‘saquetazo’â€, reconoció. ¿Si alguna vez se peleó con algún colega? “A veces me encerraba con alguno en un camarÃn y le decÃa: ‘¿Qué dijiste vos?’. Yo sabÃa pegar trompadas aunque también podÃa recibir. Pero siempre fui de frente. Algunos dicen que soy malo. Pero es porque nunca le toleré nada a nadie“, explicó.En 1950, trabajando en el Teatro de la Comedia, conoció a MartÃnez, su segunda esposa. “Fuimos el único matrimonio en el paÃs, que a los tres años de casados cumplimos las bodas de plata. Veintidós años fue mi amante. Yo salÃa a las cuatro de la tarde de mi casa, iba a lo de Juanita, convivÃa con ella hasta las cuatro de la mañana porque hacÃamos teatro, la llevaba a comer y la dejaba en su casa. Y después me iba a la mÃaâ€, relató Pepe, que jamás abandonó a Rosa y la sostuvo durante una larga enfermedad, hasta que murió en 1972. Y, recién entonces, le pidió casamiento a la vedette.Alguna vez lo habÃan tildado de amarrete. Pero él, simplemente, era austero. Y preferÃa gastar su dinero en causas nobles en lugar de despilfarrarlo en lujos y excentricidades. “Soy rico porque me conformo con lo que tengo, no necesito más. Pero tengo documentado todo lo que he dado en mi vida. Y tengo cajones con cartas de agradecimiento por todo lo que doné. Yo fui el que inventó la alcancÃa con vidrio para que se vea la plata. Porque todo tiene que ser transparenteâ€, señaló remarcando, entre otras cosas, que apadrinó durante veinte años al Hospital de Niños.