4 de diciembre de 2025
Pese a la baja de la inflación, el estrés económico alcanza a casi la mitad de los argentinos
El indicador elaborado por la UCA volvió a los niveles registrados en 2022 y 2023, aún en el contexto de estabilización de las variables económicas de los últimos dos años
Esto se da pese a una mayor estabilidad económica en relación a dichos años, principalmente debido a la desaceleración de la inflación. No obstante, vale mencionar que se observa una mejora de 3 puntos porcentuales respecto a 2024, cuando el impacto fue sobre el 50% de la población, en un contexto de ajuste y recesión.
En la actualidad, señala la UCA, persisten fuertes desigualdades según el nivel socioeconómico: 7 de cada 10 hogares de los sectores bajos padecen estrés económico. En los niveles medios, la proporción cae a 3 de cada 10. Respecto a la tendencia histórica, el deterioro se intensificó entre 2010 y 2025, con mayor incidencia en las familias con niños.“En el ciclo de ajuste predominan las trayectorias de empeoramiento. En la estabilización aumentan levemente las de mejora, aunque se evidenciarÃa que la población no ha sentido la baja de la pobreza con la intensidad que muestran los indicadores tradicionales. La cronicidad del estrés económico se mantiene elevada, cercana al 30%“, aclaró el ODSA.La evolución del estrés económico se vincula a los ingresos laborales. El nivel salarial promedio registrado en la etapa de estabilización (2024-2025) se asimila a los valores de 2009-2010, sin observar una mejora real con respecto a 2023. “El salario registrado privado sigue estancado en rangos históricamente bajos, y probablemente seguirá asà a menos que se consolide el crecimiento económicoâ€, indicó el estudio.La proporción de familias y personas que atraviesan privaciones económicas constituye un problema estructural que el paÃs arrastra desde hace más de 40 años. En el plano coyuntural, desde 2023 la combinación de tensiones macroeconómicas, el freno de la actividad interna y la aceleración de los precios erosionó el poder de compra y derivó en un ajuste recesivo.
Sin embargo, con la posterior desaceleración inflacionaria y el repunte parcial de los ingresos laborales reales, de las transferencias y de la cobertura de los programas de protección social —sumado al dinamismo del trabajo informal— los indicadores de privación empezaron a mostrar una reducción.
Aunque se observa una etapa de estabilización tras el ajuste, las mejoras de 2024-2025 se interpretan con cautela. “Su sostenibilidad en el tiempo y su capacidad para generar cambios persistentes al interior de la estructura social aún deben ser evaluadas. En este sentido, persisten dudas respecto de si estos avances representan una recuperación duradera o solo un alivio transitorioâ€, sostuvo el informe.
