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1 de marzo de 2026

Clima de negocios: los secretos del modelo verde que promete restaurar bosques y ser un generador de dólares para Argentina

Startups locales avanzan en la restauración de áreas degradadas y adoptan tecnologías innovadoras para captar recursos internacionales. Los bonos de carbono podría generar hasta USD 2.400 millones en el corto plazo y atraer inversiones por USD 3.800 millones

>A grandes rasgos, el business plan es así: armar una empresa, restaurar áreas desforestadas, reducir el aumento de gases de efecto invernadero en la atmósfera y generar ingresos. El incipiente mercado de créditos o bonos de carbono es una incógnita para el gran público, pero es una realidad concreta que crece a nivel global y que comienza a despegar en Argentina de la mano de un puñado de startups pioneras.

A estas empresas de un segmento de negocios denominado clima tech se sumaron BAX, la primera Bolsa de Bonos de Carbono del país; la Mesa Argentina del Carbono, con 52 integrantes y carácter institucional sectorial; y una cámara empresaria del sector que reúne a 15 compañías y busca articular normativas y procesos más transparentes y eficientes para el mercado.

Según cálculos de la Mesa del Carbono, si en el país se generarán créditos en el 10% de las tierras agropecuarias y forestales, podrían generarse por sus ventas unos USD 500 millones. Si el porcentaje sube a 30%, serían unos USD 2.400 millones. Todo sin inversión pública, pero con leyes que impulsen el sector.

“Los proyectos no compiten con la producción agropecuaria o forestal: la complementan. Permiten nuevos ingresos sin cambiar el suelo. Con ese plan, se podrían movilizar entre USD 2.200 y 3.800 millones en inversiones privadas hacia regiones productivas, con beneficios ambientales y sociales tangibles”, destacó la Mesa.

El surgimiento del mercado de bonos de carbono responde a la necesidad de revertir las emisiones, principalmente de dióxido de carbono. Detrás de eso crece un verdadero negocio. Un crédito de carbono equivale a una tonelada métrica de CO₂ capturada o evitada. El valor de estos créditos varía de acuerdo con su calidad y al impacto ambiental real de cada proyecto. Los precios pueden oscilar entre USD 3 y 30, y los más costos están asociados a restauración de ecosistemas y captura efectiva de carbono atmosférico.

Las primeras mediciones sistemáticas de CO₂ se iniciaron en Hawái en la década de 1950, lo que permitió establecer una correlación directa entre emisiones y calentamiento global. A partir de estos datos, organismos multilaterales como la ONU impulsaron tratados internacionales, entre ellos el Protocolo de Kioto y el Acuerdo de París, que sentaron las bases para la creación de mecanismos de compensación de emisiones entre países.

El mercado voluntario, en cambio, surgió con grandes empresas que comenzaron a asumir compromisos propios de neutralidad climática, replicando el modelo de compensación estatal pero en la esfera corporativa. Multinacionales como Unilever y Microsoft se convirtieron en referentes, motivadas por exigencias de inversores y consumidores. Para operar en este mercado, los proyectos deben ser validados por certificadoras especializadas como Verra y Gold Standard, las principales certificadoras internacionales que auditan la calidad y efectividad de las acciones de captura o reducción de carbono.

Una de las empresas locales que picó en punta en este mercado y apuesta por la restauración activa de bosques nativos y la producción de créditos de carbono de alta calidad es Nideport.

Su principal proyecto, Vida Nativa, está en Misiones, en la frontera con Brasil, sobre un área de más de 24.500 hectáreas pertenecientes al bioma de la Mata Atlántica, una de las zonas de mayor valor fotosintético del planeta; uno de los pulmones terrestres que iba desde Río de Janeiro hasta Misiones, y del que queda poco y nada.

“No somos ambientalistas: hacemos un negocio cuidando el medio ambiente. Nuestro objetivo es restaurar 45 millones de hectáreas en el país para 2035 y potenciar la comercialización de créditos en Europa y Estados Unidos”, le dijo a Infobae Juan Núñez, CEO y cofundador de la empresa.

“La empresa nació en 2019 y su modelo parte del arrendamiento y posterior compra de tierras privadas, ofreciendo a los propietarios ingresos superiores a los que obtendrían por la explotación maderera tradicional. El nuestro era un campo de árboles que para abrazarlos se necesitaban ocho personas... De esos, hoy queda uno solo. Se arrasó todo”, detalló el CEO.

Una vez asegurada la tenencia de la tierra, la compañía detiene la deforestación e implementa un plan de restauración científica fusionado con procesos de certificación que incluyen colaboración con comunidades locales y pueblos originarios, como los Mbya Guaraní, plantación de especies nativas, recuperación de biodiversidad y utilización de tecnologías avanzadas de monitoreo —como drones con cámaras térmicas, sistemas de topografía digital y plataformas blockchain— para mapear y supervisar en tiempo real cada árbol plantado.

“Más allá de las discusiones ideológicas sobre el cambio climático que pueda haber, no se puede soslayar que estamos agotando recursos que el planeta tarda mucho tiempo en regenerar, mucho más que la velocidad en la que se consumen”, describió Núñez.

El proyecto se refleja en cifras que, según Nideport, están respaldadas por monitoreo ambiental continuo y validación pública: más de 1,2 millones de toneladas de CO₂ removidas y almacenadas desde 2020; reducción del 97% en la incidencia de incendios forestales; una retención adicional de agua estimada en 30 millones de metros cúbicos anuales; y la generación de beneficios sociales directos para unas 1.500 personas de comunidades y pueblos rurales.

Estas acciones permitieron la restauración activa de 22.878 hectáreas de selva Paranaense —un bosque degradado en más del 65%—, la protección de 10 especies en peligro de extinción, el resguardo de 50 especies endémicas y la reaparición en la zona de fauna emblemática como el yaguareté.

Este mes, su sistema de monitoreo satelital permitió la detección temprana de un incendio de gran magnitud. La empresa tiene drones automatizados que despegan solos para mostrar imágenes y ubicaciones en tiempo real ni bien el sistema detecta algún tipo de alerta temprana en sus campos.

La Unión Europea impuso requisitos estrictos para la importación de bienes y servicios, exigiendo la trazabilidad completa de la huella de carbono y la certificación de que la producción no proviene de bosques talados. Esta política se inscribe dentro de los compromisos del bloque de alcanzar la neutralidad climática entre 2035 y 2050. Como resultado, países agroexportadores como Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay enfrentan la necesidad de adaptar sus procesos productivos y adoptar mecanismos de compensación para no perder acceso a los mercados internacionales.

En Estados Unidos, la administración federal muestra señales mixtas, pero las grandes compañías mantienen compromisos propios de reducción y retiro de créditos, lo que sostiene la demanda global de estos instrumentos. En 2025, se registró un récord de compras de créditos por parte de empresas norteamericanas y europeas.

El mercado local aún se encuentra en una fase incipiente, y su desarrollo depende de la articulación entre organismos estatales como la Cancillería y la Secretaría de Ambiente, además de la convergencia entre el mercado regulado y el voluntario. Si Argentina logra formalizar su integración, prometen los jugadores del sector, el valor de los créditos nacionales podría duplicarse o triplicarse, alcanzando precios similares a los de países como Japón, donde la demanda insatisfecha es elevada.

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