28 de diciembre de 2024
El sorpresivo arribo a la Argentina de la viuda y el hijo de Pablo Escobar y el día que los detuvieron por portar documentos falsos
El capo del cartel de Medellín había sido asesinado en 1993, sus familiares huyeron de Colombia amenazados de muerte. Pasaron por Alemania y Mozambique para recalar en Buenos Aires en 1994. Una noche fueron apresados y creyeron que era un secuestro. El contador que se ofreció como “asesor” para manejar inversiones
Primero viajaron a Alemania cuando Pablo aún estaba con vida, pero no fueron aceptados en ese paÃs y resultaron inmediatamente regresados a Colombia en el mismo avión. Luego, a comienzos de 1994 les llegó una propuesta para radicarse en Mozambique, hacia donde se trasladaron a mediados de diciembre de ese año. Pero se llevaron tal frustración al llegar, que la aventura duró apenas unos dÃas y finalmente terminaron decidiendo residir en la Argentina, por donde habÃan pasado cuando viajaron a Ãfrica, luego de hacer escala en Brasil, otro destino en el que pensaron como posible lugar de radicación que terminaron descartando por la dificultad del idioma.
El allanamiento en el domicilio familiar duró varias horas y tanto MarÃa Isabel como su hijo observaban de cerca cada movimiento porque los habÃan advertido que en otros casos algunos uniformados “tenÃan la costumbre de ‘plantar’ drogas con aprobación de sus superiores para obtener los resultados deseadosâ€. Cuando finalizaron la mujer consultó qué sucedÃa y por qué estaban en su casa. Recibió como respuesta que ambos pasaban a estar detenidos por la utilización de documentos falsos De esta forma, con detalles muy precisos, lo contó la viuda del narco en su libro Mi vida y mi cárcel con Pablo Escobar, de editorial Planeta. En el departamento también estaban esa noche la madre de MarÃa Isabel, su nuera, su madre y su hija Juana.
Al hijo de Pablo Escobar todo le pareció muy sospechoso y hasta estuvo a punto de arrojarse del auto cuando lo llevaban porque creyó que los habÃan secuestrado falsos policÃas, ya que uno estaba borracho y su placa identificatoria y su uniforme dejaban mucho que desear. Asà lo relató su madre en el texto que se conoció en 2018 calificado como “El testimonio de la esposa del narco más peligroso del mundoâ€, fuente esencial para esta historia que ahora contamos.
Llegaron al lugar cerca del amanecer y recuerdan que intentaron presionarlos para que firmaran con sus nombres originarios, pero no lo hicieron porque ahà sà hubiesen cometido un delito, al usar una identidad que no era la de los documentos. La viuda creyó que se trataba de una confusión y que con el correr de los dÃas todo se aclararÃa y volverÃan a la normalidad, ya que estaban residiendo de manera legal como turistas y sus actividades eran absolutamente lÃcitas. Pero no resultó asÃ. Fueron a parar a distintos calabozos por separado, y luego los fueron trasladando a otras celdas de diversos organismos de la ciudad, hasta que en una oportunidad los alojaron en el palacio de Tribunales, rodeados de ratas.El sueño que todos tuvieron de vivir en paz en la Argentina comenzaba a desmoronarse. HabÃan llegado un 23 de diciembre de 1994 provenientes de Mozambique, intentando sobrevivir en algún paÃs que no fuera Colombia por las amenazas de muerte que pesaban sobre ellos. Alquilaron un departamento de dos dormitorios en la calle Guido en Recoleta y trataron de iniciar una nueva vida. Para mantenerse en secreto habÃan decidido que a cualquiera que les preguntara le dirÃan que eran una familia que vivÃa del cultivo de café y que llegaron al paÃs por temor a los secuestros que en ese momento arreciaban en Colombia, luego de que el marido de MarÃa Isabel muriera en un accidente de tránsito.
Intentaban todo el tiempo hacer una vida normal. Juan Sebastián empezó la carrera de diseño industrial y Ãngeles, su pareja, la de publicidad en la Universidad de Belgrano, barrio al que se mudaron en 1995. La pequeña Juana concurrÃa a la Escuela Jean Piaget, estaba triste y preguntaba por qué no podÃa llamarse Manuela como antes. El resto de la familia los visitaba pero no viajaban directo a Buenos Aires. HacÃan diversas escalas para evitar cualquier sospecha. Hasta se habÃan impuesto mudarse cada dos años para que nadie pudiera descubrir quiénes eran. Y para estar en regla en el paÃs como turistas, cada 90 dÃas se trasladaban a Uruguay y regresaban. En dichos viajes conocieron al abogado Tomás Lichtmann, quien se ganó la confianza de todos. Mientras tanto, MarÃa Isabel estudiaba para coaching ontológico. Todo parecÃa normal, pero vivÃan siempre en estado de alerta.El “contadorâ€, a quien MarÃa Isabel omite identificar con nombre y apellido en su libro, la aconsejaba con inversiones, la primera de ellas una casa en el club Campos de Golf Praderas de Luján que él se ocupó de venderle. Con el correr del tiempo el profesional se fue convirtiendo en un hombre de confianza para ellos. Pero cuando un dÃa descubrió quiénes eran realmente el panorama cambió. Él mientras tanto manejaba información, documentos y un poder que ella le habÃa dejado. Según cita la viuda: “no sabÃa entonces que sus intenciones ya no eran buenas y que en realidad estaba maquinando una estrategia para quedarse con todoâ€. Para colmo en esos momentos el canal People & Arts publicitó que saldrÃa al aire un informe relacionado con la vida y la muerte de Pablo Escobar. Su familia estaba aterrada porque si ellos llegaban a aparecer en el envÃo podrÃan llegar a identificarlos.
Estaba finalizando 1998, se acercaban las fiestas de fin de año y de inmediato decidieron dejar Buenos Aires y entonces alquilaron una casa en Cariló para pasar el verano alejados del ruido y las miradas de la gran ciudad. No obstante, según MarÃa Isabel, el “contador†los seguÃa rondando y presionando pidiéndole dinero a cambio de “protegerlosâ€. Fue tal la presión que sintió que en octubre del 99 decidió denunciarlo por hostigamiento y amenazas en un juzgado de la ciudad de Buenos Aires, revelando quien era realmente. “Soy la viuda de Pablo Escobarâ€, le dijo a la magistrada que la escuchó, sin que ya le importara revelar el secreto tan cuidado, para que se diera cuenta de que la estaban presionando para sacarle dinero.Asà se originó aquel allanamiento en el departamento de la familia y se inició el deambular de madre e hijo por diversos lugares de detención, donde según la viuda de Escobar la pasaron bastante mal, ante el temor de su nuera, su hija y su madre que seguÃan residiendo en Buenos Aires sin entender lo que sucedÃa. El proceso demandó tiempo. Según ella el juez les decÃa en la cara que estaban intentando engañarlo cada vez que estaba frente a ellos. Recién a fines de 1999, su hijo fue dejado en libertad. Pero ella continuó encerrada e investigada.
La pesquisa siguió su curso hasta que Eduardo Freiler fue designado fiscal del caso. Se pidió a Colombia la información pertinente respecto al cambio de identidades y todo estaba en regla. Asà Freiler pidió el sobreseimiento de MarÃa Isabel y su hijo. El expediente pasó por varios fiscales, y finalmente Carlos Cearras elevó la causa a juicio oral, “pero con reservas que dejó por escrito ante inconsistencias y falta de evidencias condenatorias, lo que cambió la acusación en mi contra que sostenÃa Cavallo como jefa de una asociación ilÃcita, y facilitó mi excarcelación el 5 de abril de 2001. El fiscal del juicio oral, Jorge Aguilar, no solo ratificó nuestra inocencia ante el Tribunal Oral Federal N° 6, sino que fue mucho más allá al acusar al propio juez Cavallo de privación ilegÃtima de la libertad, abuso de poder y prevaricato, sosteniendo que se habÃan vulnerado nuestros derechosâ€, describió la viuda en su texto.