13 de enero de 2026
El enigma de la estancia La Candelaria y una hipótesis escalofriante: el caso del peón y su familia que llevan 23 años desaparecidos

La familia Gill fue vista por última vez el 13 de enero de 2002 en el campo de Nogoyá, Entre Ríos, donde el hombre trabajaba. El principal sospechoso siempre fue su patrón, que falleció en un accidente automovilístico en 2016. Con la designación de un nuevo abogado querellante, la causa se reactivó hace dos meses
Rodríguez Allende fue contundente al analizar los errores cometidos en los primeros meses de investigación. En aquel entonces, el sistema procesal penal era muy distinto al actual: la investigación estaba a cargo de un juez de instrucción, mientras que el fiscal tenía un rol prácticamente inexistente.
“Esa teoría se mantuvo pese a las evidencias que la contradecían: la familia dejó ropa, documentación y pertenencias en la vivienda; Ramón no tenía vehículo ni sabía manejar; Margarita trabajaba como cocinera en una escuela rural que dejó de abrir de un día para otro, sin aviso alguno”, precisó.
Durante años, el miedo fue el principal obstáculo de la justicia. “Alfonso Goette era una persona de temperamento muy fuerte y muy temido”, señaló el abogado. Fue recién después de la muerte del estanciero, ocurrida en un accidente de tránsito en junio de 2016, que las lenguas comenzaron a desatarse. Los testigos, protegidos por el anonimato que otorga la muerte del patrón, empezaron a hablar.
Según consta en el expediente judicial “vio a ‘Mencho’ Gill cavando pozos en el campo y él estaba muy enojado por ese trabajo que le había ordenado el patrón”.
A partir de este relato, se realizaron allanamientos y excavaciones con maquinaria pesada en los puntos señalados, pero la tierra, hasta ahora, se negó a entregar sus secretos. Ni siquiera los trabajos encargados al Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) desanudaron el misterio.
Hoy, la única hipótesis vigente para la querella es que los cuerpos se encuentran dentro del campo, que cuenta con ríos, arroyos, tajamares y múltiples irregularidades geográficas que dificultan enormemente la búsqueda.Con el cambio de autoridades judiciales (la asunción del juez de Garantías de Nogoyá, Oscar Rossi), la causa se reactivó. En octubre pasado se realizó un allanamiento integral del campo, con intervención de la Policía de Entre Ríos, Criminalística y áreas de Inteligencia Científica. “El objetivo es enviar toda esa información, a través de Cancillería, a la NASA, que cuenta con satélites capaces de retrotraer imágenes a años anteriores y detectar movimientos de tierra ocurridos antes de 2007”, explicó Rodríguez Allende. Otro dato estremecedor que surge de la investigación es la confirmación de la desaparición de un puestero anterior, de nacionalidad paraguaya, que trabajaba en el mismo campo antes de la familia Gill.
“Estoy convencido de que cometieron un grave delito con la familia Gill y que el principal sospechoso fue el propietario del campo”, afirmó con contundencia.
La querella sostiene dos posibles móviles, ambos de extrema gravedad. “El primero, que Margarita habría decidido contarle a Ramón que el hijo menor, de apenas dos años, era en realidad hijo del dueño del campo. Este dato habría sido incluso reconocido por el propio estanciero antes de morir, cuando se lo confesó a un periodista de Paraná”, precisó Rodríguez Allende.
Según Rodríguez Allende, todo indica que “estos hechos se daban en un contexto de aislamiento total, donde el poder, el miedo y el silencio eran moneda corriente”.
A 23 años del horror, el caso Gill vuelve a abrirse paso entre el silencio y la impunidad, con nuevas herramientas científicas y una convicción firme: la verdad sigue estando ahí, esperando ser encontrada. El “Mencho”, Margarita y sus cuatro hijos merecen, al menos, que la tierra que los vio trabajar deje de ocultarlos.
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