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17 de febrero de 2026

Tania, la española que conquistó al tango argentino y cautivó a Enrique Santos Discépolo: “Fui la Madonna de los años 30″

La cantante, nacida en Toledo, fue pareja del compositor de Cambalache y rompió todos los moldes de su época. Murió el 17 de febrero de 1999 a los 105 años

>“Francamente, al principio lo veía poca cosa para mí… para lo engrupida que estaba. Yo picaba alto: adoraba las joyas y las pieles, y me aseguraba de que el candidato tuviera un buen auto. Eso de encontrar a un muchacho bueno no figuraba en mi vocabulario”, había confesado Ana Luciano Divis -tal el verdadero nombre de la cantante- murió el 17 de febrero de 1999, a los 105 años. Discépolo, en cambio, falleció mucho tiempo antes, el 23 de diciembre de 1951. Algunos dicen que murió de tristeza, en algún punto por culpa de ella.

La leyenda cuenta que cuando >Claro que, cuando Discepolín volvió a la Argentina junto a su gran amor, dejó una parte suya anclada en tierra azteca. Es que la mujer que le había servido para secar sus lágrimas y que, a fuerza de ternura, se había encargado de sanar su corazón, estaba embarazada. El 21 de abril de 1947 nació Enrique Luis Discépolo Díaz de León, el único hijo del músico. Fue apadrinado por Luis Sandrini y Tita Merello, quienes oficiaron como testigos para certificar la identidad de su padre. Pero el artista nunca lo llegó a conocer, justamente porque no quería enfrentarse a Tania. Y dicen que, por este motivo, cayó en un pozo depresivo y se dejó morir.

Yo caía en esas tertulias como una bomba atómica: tan descarada, tan jovencita y, encima, manejando mi propio Buick, cuando ninguna mujer conducía en aquella época. Y a mí estos cráneos me aburrían como una ostra”, contaba de aquella época en la que se aparecía en las reuniones bohemias de las que participaba el compositor. Ella era el comentario de todos. Pero a Enrique no le importaba. “Si me vieras desnudo, la entenderías a la pobre”, decía justificándola cuando le hablaban de sus andanzas.

Había visitado estos pagos por primera vez en 1923, en el marco de una gira. Y, cuatro años más tarde, decidió regresar junto a su marido para probar suerte con el tango. ¿Una española cantando tango? Sonaba inverosímil. Pero ella tenía una personalidad arrasadora. Así que no tardó en dejar a su esposo para empezar a entonar piezas como Fumando espero o A la luz del candil junto a la orquesta de Roberto Firpo, primero, y la de Osvaldo Fresedo después. Hasta que logró debutar en el mítico cabaret Follies Bergère.

Eran tiempos en los que las damas de bien solo añoraban casarse y formar una familia. Pero Tania no era de esas. Y estaba dispuesta a romper con todos los prejuicios. Fui la Madonna de los años ’30”, había asegurado una vez en una entrevista. ¿Acaso habrá sido eso lo que lo enamoró a Enrique? ¿Lo mismo que lo condenó a sufrir una relación tormentosa en la que nunca encontró la paz?

Cuando Discepolín viajó a México, la historia de amor parecía haberse terminado definitivamente. Pero dicen las malas lenguas que al enterarse de que iba a tener un hijo con otra, Tania llegó a amenazarlo con suicidarse. Ella perdió a su hija en un accidente cuando tenía apenas 27 años. Y al momento de su muerte, Enrique dejó un testamento en el que decía que no tenía descendientes y gran parte de su patrimonio se lo legó a Tania.

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