21 de junio de 2026
Después del Memorándum, hay más perdedores que ganadores
Este pacto va a seguir el camino de la "Paz para Gaza", donde aquellos hoy olvidados 20 puntos se parecen a los 14 puntos actuales. Es decir, buenas intenciones que no se materializaron
En las relaciones internacionales, más que promesa moral hay un cálculo continuo, que produce ajustes cuando los costos superan los beneficios o interfieren con los objetivos. En el caso de una potencia, se comete un error cuando se ignora la presencia del cálculo, error que también cometen quienes confunden lo que es solo una fase con algo permanente.
Es lo que está hoy pasando con las relaciones entre EE. UU. e Israel que aparece con problemas, por algo que hemos insistido en esta columna, la presión ejercida por una elección, la de medio término en noviembre, que hoy la Casa Blanca está perdiendo y que tendría consecuencias tales como un juicio político al presidente y el adelantamiento de la campaña presidencial del 2028.
No creo que haya habido traición, sino que operó una situación donde en periodo electoral Washington es notoriamente infiel, y a Israel y en particular, a Netanyahu le pasó algo similar a lo que tuvo lugar cuando Biden los detuvo en las puertas de la ciudad de Rafah en Gaza, motivado por una campaña presidencial que de todas maneras perdió, solo que ahora, con Trump, fue a una escala mayor, y sobre todo, inesperado, por la relación que se había establecido, un costo también ocasionado por la indebida personalización de una alianza entre Estados.
No hay duda de que el Memorándum de Entendimiento es entre malo y muy malo para Israel, cuyas demandas de seguridad no aparecen mencionadas, pero equivocadamente en Jerusalén se confundió una etapa con lo permanente. Sin embargo, creo que se va a encontrar como otras veces un acomodo, y, para que este mal momento quede atrás, hay que esperar el resultado de las elecciones que tendrán lugar en ambos países, octubre en Israel y noviembre en EE. UU.
La verdad es que la relación ha pasado siempre por etapas, solo que en los últimos dos años pareció ser la más sólida de la historia, e Israel siempre ha tenido muy clara la defensa de sus intereses estratégicos, los que todo análisis objetivo debe reconocer que difieren de los de EE. UU. como superpotencia. No es la primera vez que algo así pasa entre Israel y EE. UU. como tampoco será la última, solo que ahora hubo sorpresa por tratarse de un presidente autodefinido como proisraelí, pero también uno que cambia de opinión con frecuencia, por lo que, esta columna, más de una vez alertó que podría producirse un distanciamiento.
Israel más que ser querido, debe buscar solo ser respetado en Washington, lo que es difícil de lograr, en periodos electorales, y retiros de Vietnam, Irak o Afganistán son testigos de aquello, para perjuicio de quienes creyeron que había amistad eterna. Ello no solo se da en el caso de Trump, sino también y en forma muy notoria en J.D. Vance, quien, como probable candidato, solo piensa en seguir contando con el apoyo de Trump y en sus votantes, en una opinión pública que claramente en los demócratas ya se está alejando de Israel.
Por lo demás, nada garantiza que Irán vaya a cumplir con lo conversado y con lo que se negocie en estos 60 días, tal como no lo ha hecho con los acuerdos anteriores. De partida, la reunión que iba a tener lugar el viernes 19 fue suspendida, y al día siguiente se anunciaba que Irán se disponía "a cerrar" Ormuz, mientras que el ejército de EE. UU. declaraba que se mantenía en "alerta". Veremos que pasa a partir de hoy en Suiza.
En el caso actual, se ha dado lo habitual en la mayoría de las guerras, donde escasea quien realmente gana y todos pierden, sea poco o mucho. De hecho, hay diversas formas de mirar lo que ha pasado, ya sea como una guerra "corta", que se habría iniciado el 28 de febrero, o más bien sería la culminación de una confrontación ininterrumpida que se inició por parte de Irán en 1979 con la toma de la embajada de
EE. UU. o la posición que yo prefiero, explicada en un libro reciente (1) y que sitúa el inicio en el apoyo que le dio Irán a la invasión de Israel por Hamas el 7- X (2023) y que activó a todas sus milicias proxis, lo que obligó a Israel a luchar simultáneamente en 7 frentes. Es lo que ahora está culminando, aunque sea de forma inesperada.
Si de ganadores y perdedores hablamos, el gran ganador no está en quienes combatieron, sino que lo son el petróleo y el gas, que, sobre todo el primero demostró cuán central sigue siendo, no solo en la economía, sino también en el propio funcionamiento de las sociedades. Por lo mismo, un gran perdedor fue el alarmismo climático que los ha satanizado, al igual que los países que han desechado a la energía nuclear que vuelve a interesar por la necesidad existente de abundante electricidad para la IA. Es así como se ha presenciado un predominio del petróleo en las noticias y en las declaraciones de los políticos, al igual que un casi total olvido de las energías alternativas, y una pérdida de protagonismo de los activistas del medio ambiente. Es decir, tenemos presencia geopolítica y económica del petróleo para un tiempo mayor del que se suponía antes de la guerra. Ahora, tal como lo ha expresado Arabia Saudita, la prioridad la tiene la inversión en nuevos oleoductos que eviten Ormuz o en reparar los grandes daños causados por Irán.
En una región como el Medio Oriente donde triunfo y derrota no significan lo mismo que en Occidente, sin duda el sentimiento que se impone en Irán es de triunfo, toda vez que lo más importante para ellos fue que la revolución islámica sobrevivió la confrontación con la primera potencia del mundo, que ahora, a diferencia de la guerra de 12 días de 2025, buscaba el fin de esa revolución y la caída del gobierno.
En todo caso, la destrucción fue a todo nivel, ya que se quedó no solo sin marina de guerra o fuerza aérea, sino que la devastación económica fue muy grande, con gran desempleo y demolición de fábricas, actividades comerciales y un embargo de puertos que paralizó toda venta de combustible. La supervivencia del régimen fue también ayudada por aciertos propios como haber efectivamente cerrado el estrecho de Ormuz, y una descentralización de los misiles a través de todo el territorio que le dio crédito a una imagen de "resistencia", a pesar de que cada vez dispuso de menos misiles para atacar, debido a que no pudo producir para reemplazar a los que se disparaban.
Entre los errores de EE. UU. los más llamativos fueron haber detenido su avance militar en momentos de total predominio y donde Irán mostraba la mayor debilidad desde 1979, y, sobre todo, no haber previsto la bomba económica que se estaba preparando en Ormuz con el petróleo, además que perdió disuasión ya que sus amenazas de usar la fuerza en el estrecho nunca se materializaron, lo que lo hacían aparecer como tigre de papel.
En Israel, el sentimiento es hoy de traición en la población y de enojo en militares y el gobierno, aunque es de responsabilidad propia que hasta el momento no haya conseguido el objetivo de derrota total de Hamas y Hezbolá, ambos muy degradados y a la defensiva, pero que deben sentirse envalentonados por el distanciamiento con EE. UU. y por las declaraciones que hoy están hoy saliendo de Washington, que no auguran un apoyo similar al que Trump entregó en el pasado, y un futuro que no se ve pro israelí en lo que ha dicho el vicepresidente Vance, en caso que él sea el candidato republicano, y mucho menos, en lo posibles candidatos demócratas.
Pero lo de Israel y EE. UU. es una realidad mezclada, donde es notorio el triunfalismo de la Casa Blanca por haber firmado el Memorándum, pero también el desencanto de no haber logrado objetivos principales de la actividad bélica. En todo caso, siempre hay que incorporar al análisis los logros positivos. Por ejemplo, en el caso de EE. UU. cuyo objetivo principal era el fin de la amenaza de la bomba atómica, a favor figura que los bombardeos han retrasado en muchos años a ese programa nuclear como también que, por las sanciones, Irán no dispone hoy de la posibilidad de comprar o fabricar los componentes.
En el caso de Israel, la guerra con Hamas, a pesar de haberlo degradado como amenaza, el hecho importante es que se mantiene firme en el gobierno de Gaza. Por su parte, Hezbolá no solo ha sufrido militarmente con la invasión israelí del sur de El Líbano, sino que por vez primera existen conversaciones directas entre Israel y el gobierno libanés, en que ambos concuerdan en que ese grupo terrorista debe desarmarse como también que Irán no siga interviniendo en los asuntos internos libaneses. Y aunque en la parte negativa para Israel, han sobrevivido aquellos que quieren su destrucción como Hamas, Hez bolá y la revolución islámica iraní, no hay duda de que esta última está lo suficientemente debilitada como para que no le sea posible movilizar a sus proxis, con la excepción de El Líbano. La verdad es que Irán, aunque ganó en la negociación diplomática, sufrió tal castigo militar, que hoy no da el miedo que producía antes como tampoco está en condiciones de enfrentar de igual a igual a Israel que tiene total superioridad aérea, lo que le permite entrar y salir de ese territorio sin ser interceptado.
Y aunque en el futuro no sobreviva, por ahora, a Irán su estrategia de guerra híbrida le dio resultado no solo contra EE. UU, sino también contra los países árabes, las monarquías del Golfo a las cuales bombardeó castigando fuertemente sus exportaciones de gas y petróleo, por lo que las consecuencias para esos países fue también mezclada, ya que por un lado, algunos fortalecieron la relación que tenían con Israel, notablemente en el caso de los Emiratos, pero fracasó su neutralidad, ya que de todas maneras fueron atacados por Irán.
Hoy se aprecia un nuevo mapa de alianzas en la región, por lo que, en el Golfo, aparecen tres actitudes: primero, la de Catar, que, aunque era aliado de Irán, de todas maneras, fue objetivo militar por ser un lugar donde hay bases estadounidenses, y a pesar de los ataques, junto a Pakistán y Turquía ha buscado mediar entre Washington y Teherán. Segundo, Arabia Saudita ha tenido una posición equidistante, alejándose de Israel y acercándose a Pakistán y Turquía en la búsqueda de una especie de frente sunita. Tercero, la mayor sorpresa han sido los Emiratos Árabes Unidos, no solo acercándose a Israel sino también confrontando a Irán, por lo que destaca su actitud desafiante hacia la agresión.
En todo caso, no hay duda de que primero, EE. UU. no defendió adecuadamente a sus aliados árabes del Golfo lo que también influyó en que hayan tenido diferencias en la forma de enfrentar a Teherán. En segundo lugar, seguramente el futuro cercano mostrará una fuerte preocupación de las monarquías petroleras en su defensa y sus FF. AA., ya que, a pesar de tener armamento avanzado y que sus adquisiciones de material estadounidense son muy similares a las de Israel, sin embargo, el desempeño no estuvo a la altura de ese armamento, lo que quizás refuerce el acercamiento de alguno(s) a Tel-Aviv. Por ahora, es indudable que se ha resentido la alianza tan estrecha que tenían con EE. UU., toda vez que la presencia de bases militares no sirvió para defenderlos.
Los perdedores de esta guerra también incluyen a la Autoridad Palestina, ya que su ambigüedad y su falta de condena real a la invasión de Hamas no les sirvió, toda vez que hoy el Estado Palestino no parece estar en el calendario de eventos próximos, a no ser que el distanciamiento actual de Israel y EE. UU. lleve a presionar por ese lado. Sin embargo, hoy no parece ser prioritario, salvo para Europa. En todo caso, hubo elecciones locales en Cisjordania el 25 de julio, y en solo una localidad de Gaza, Deir al Balah. La participación fue baja, ya que solo alcanzó el 53,4%, toda vez que hubo boicot de Hamas que no figuró en las listas electorales por su negativa a la solución de los dos Estados. En todo caso, eran más bien de legitimación de su presidente Abu Mazen, ya que las ultimas presidenciales se celebraron el 2005 y las últimas legislativas el 2006.
Los perdedores de la confrontación entre EE. UU. e Irán también incluyen a la ONU y a Europa que han mostrado una total irrelevancia, a pesar de la importancia de este conflicto para el mundo. Por su parte, para la lucha por quien será en definitiva la gran potencia de este siglo XXI, este conflicto ha mostrado las limitaciones de EE. UU. como superpotencia, al mismo tiempo de ilustrar sobre las insuficiencias de China, gran poder económico, pero que, en temas militares y geopolíticos, todavía se limita al Asia, fundamentalmente Taiwán, ya que todavía no desarrolla la capacidad de desplegar poder y fuerza en otras regiones del globo.
Al listado hay que agregar a las comunidades judías a través del mundo, ya que el antisemitismo-judeofobia no parece haber amainado, sobre todo, en el caso reciente de los judíos en el Reino Unido, donde Israel ha reemplazado hoy en el odio a lo que fue la religión o la "raza" en el pasado, por lo que todo indica, que seguramente los actos agresivos van a aumentar antes que disminuyan.
Entre los perdedores, hay que añadir a los ciudadanos y las mujeres de Irán, ya que no hay duda, que la supervivencia de la revolución islámica en el poder es una muy mala noticia, que perjudica toda movilización contra la tiranía, toda vez que el Memorándum que comentamos tiene un fuerte olor a impunidad a quienes asesinaron alrededor de 40.000 manifestantes en las calles. También, es una mala noticia y un retroceso para las minorías que buscaban un trato igualitario en Irán, tales como kurdos, árabes, azeríes y los habitantes del Beluchistán histórico.
Del mismo modo, la situación actual es una noticia desagradable para todos aquellos pueblos sin un Estado y que lo buscan hoy, no solo los palestinos, sino también un grupo más numeroso como son los kurdos y uno menos, pero que también busca su propio Estado o al menos autonomía en Siria, como es el caso de los drusos.
Esta guerra también ofrece lecciones para aquellas fuerzas armadas que no se han adaptado a las nuevas características, no solo la importancia de los drones, sino también que se puede sobrevivir a una ofensiva en su contra de un poder superior, tal como lo han demostrado Ucrania e Irán, a pesar de no contar hoy ninguno de los dos con aviación o marina.
Los perdedores, por ahora, también incluyen a Trump, quien ha perdido prestigio entre aquellos iraníes que creyeron en la petición que "salieran a las calles ya que ayuda iba en camino", tal como ahora lo están expresando en las RRSS. Netanyahu también se ve perjudicado en plena campaña electoral, por el estatus que había adquirido Trump en la ciudadanía israelí, después de haber logrado la liberación de los rehenes vivos, demostrando que en el nuevo escenario podría no ser la persona adecuada para manejar esa relación clave por el distanciamiento mencionado.
Como conclusión, me parece que este Memorándum va a seguir el camino de la "Paz para Gaza", donde aquellos hoy olvidados 20 puntos se parecen a los 14 puntos actuales, es decir, buenas intenciones que no se materializaron. En el caso de Gaza, ni Hamas se ha desarmado como tampoco se han cumplido los compromisos de inversión o tropas de pacificación que nunca van a aparecer mientras Gaza siga controlada por ese movimiento terrorista, razón adicional, por la cual un país como Israel, consciente de sus necesidades estratégicas, no va a salir del sur libanés, mientras desde allí se siga atacando a la población del norte israelí, y habría que preguntar cuál de los países que lo critican, aceptaría en sus fronteras una situación similar.
Lo que estamos viviendo confirma lo anticipado por quienes saben de guerras, que los ceses del fuego temporales tienden a transformarse en permanentes como en Corea, como también que regímenes como el de Irán no desaparecen por bombardeos desde el aire, por lo que, por último, lo malo de que EE. UU. haya terminado la guerra antes de tiempo, es que la supervivencia de la revolución islámica va a dificultar una verdadera transformación posible del medio oriente, en el sentido de una alternativa a Ormuz, donde la alianza incipiente entre árabes sunitas e Israel podría haber asegurado oleoductos y gasoductos que llevaran la producción desde las monarquías del Golfo hasta puertos israelíes, de donde podrían salir a Europa y a Asia, evitando así el chantaje iraní.
Al mantenerse la revolución islámica y ante la falta de una resolución militar, lo único seguro es que el conflicto podría reaparecer, por lo que son infundadas las ilusiones en un Memorándum que ni siquiera es expresión de un acuerdo de paz, situación que demuestra que EE. UU. sigue sin entender al medio oriente, ya que ahora ha ayudado a que Irán reedite la tradición de convertir derrotas militares en victorias políticas, tal como lo hiciera Nasser en Egipto en 1967, después de la Guerra de los 6 Días.
(1) Ricardo Israel, En Defensa de Israel, Interamerican Institute for Democracy, Amazon, 460pp, 2025
Máster y PhD en Ciencia Politica (U. de Essex), Licenciado en Derecho (U. de Barcelona), Abogado (U. de Chile), excandidato presidencial (Chile, 2013)
