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2 de julio de 2026

Hospitales sin aire acondicionado y una ley frenada por el propio Gobierno: la otra cara de la ola de calor en Francia

Personal de salud describió escenas de agotamiento en centros con temperaturas de hasta 35 grados. El Ejecutivo recién encargó 30.000 equipos de climatización en medio de la crisis, mientras la oposición reclama desde hace más de un año una ley para hacerlos obligatorios

En un hospital de Chartres, al suroeste de París, el personal debió decidir qué pacientes recibían los pocos ventiladores o equipos de refrigeración portátiles disponibles durante la ola de calor histórica que golpeó a Francia a fines de junio, con temperaturas que superaron los 35 grados incluso dentro de los centros de salud. En las salas de pediatría, los niños dormían en el piso en busca de aire más fresco, y en algunos sectores el agua de la canilla salía tibia o directamente caliente.

"No estamos preparados", resumió a la AFP Sylvaine Menager, delegada gremial de ese hospital, en referencia a un problema estructural que la crisis climática dejó una vez más al descubierto: la gran mayoría de los hospitales, escuelas y viviendas de Francia carecen de aire acondicionado, algo que en otros países desarrollados es un estándar básico frente al calor extremo.

Recién cuando la ola de calor ya llevaba días golpeando al país, el Gobierno del presidente Emmanuel Macron encargó 30.000 aparatos de aire acondicionado para equipar los hospitales, informó la prensa francesa el 26 de junio. Según el canal BFMTV, el primer ministro Sébastien Lecornu validó la compra a propuesta de la ministra de Salud, Stéphanie Rist, en momentos en que hospitales de regiones como París ya habían activado planes de contingencia por el aumento de ingresos a las guardias.

El episodio, comparado por su intensidad con la histórica ola de calor de agosto de 2003 —que dejó 15.000 muertos—, provocó al menos 1.000 muertes, según cálculos citados por la oposición. Las autoridades francesas, sin embargo, no ofrecieron un balance oficial de víctimas y solo difundieron datos parciales, como 55 muertes por ahogamiento hasta el 25 de junio y la muerte de al menos tres menores dentro de vehículos por el calor.

El Gobierno destinó 100 millones de euros (114,5 millones de dólares) en gasto de emergencia para comprar aires acondicionados, ventiladores y otros equipos, pero las entregas recién estaban comenzando cuando la crisis ya estaba en marcha. Por la escasez de stock local, la gran mayoría de los aparatos debe importarse desde Asia.

Para el personal de salud, la respuesta llegó tarde. En el hospital de Chauny, en el norte del país, el calor fue tan "abominable" que la dirigente sindical Laurence Mascoli debió lanzar una campaña en redes sociales para pedir donaciones de aires acondicionados portátiles, en lugar de contar con una respuesta estatal a tiempo.

La lentitud oficial alimentó las críticas de la oposición. Éric Ciotti, presidente de la Unión de la Derecha por la República (UDR) en la Asamblea Nacional, presentó una propuesta de ley para hacer obligatorio el aire acondicionado en escuelas, colegios, institutos, centros sanitarios y residencias de ancianos, los espacios donde se concentran los grupos más vulnerables al calor. "Francia debe modernizarse y proteger a los más vulnerables", sostuvo Ciotti a través de su cuenta de X.

No era la primera vez que lo intentaba: ya en julio del año pasado había presentado un proyecto similar, que el Gobierno rechazó por temor a que la instalación generalizada de aire acondicionado agravara el cambio climático, un argumento que sus críticos consideran insostenible frente a la magnitud de las muertes y el colapso hospitalario que generan estos episodios cada verano.

En tanto, Thierry Amouroux, vocero del Sindicato Nacional de Enfermeros Profesionales, cuestionó la magnitud del plan oficial: "Tenemos 3.900 hospitales y 7.500 geriátricos. Eso da menos de tres unidades por cada uno", señaló, y advirtió además sobre las dificultades técnicas para instalar equipos móviles, ya que requieren pasar mangueras por ventanas que en muchos edificios están selladas.

La falta de adaptación no se limitó a los hospitales: solo un 5% de las escuelas francesas están climatizado, y más de 8.000 establecimientos debieron adaptar sus horarios durante la ola de calor, mientras que unos 1.800 permanecieron cerrados. La Torre Eiffel y el Museo del Louvre también redujeron sus horarios de apertura.

La escasez de equipos también se trasladó al ámbito privado: la venta de 200.000 ventiladores y aires acondicionados en supermercados Lidl derivó este jueves en escenas de caos en distintas ciudades francesas, con largas colas, forcejeos e intervención policial, otro síntoma de un país que llegó una vez más tarde frente a un fenómeno que, advierten los especialistas, será cada vez más frecuente.

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