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11 de julio de 2026

El regreso de un disco virtuoso y conmovedor firmado por Mercedes Sosa y Charly García

A casi 30 años de su lanzamiento se reedita en vinilo 'Alta fidelidad', una recorrida luminosa de la gran cantora por las canciones del ídolo del rock argentino

El tenía 45 años y ella, 62. Juntos hicieron un disco que rompió fronteras y que les dio nueva vida a canciones que desde entonces fueron aún más inolvidables. Pasaron 30 años desde aquel 1996 en que Charly García y Mercedes Sosa se unieron en un estudio de grabación para grabar Alta fidelidad, el disco que esos dos emblemas de la música argentina grabaron hace tres décadas y que este 9 de julio -el mismo día del cumpleaños de la cantante tucumana- se publicó por primera vez en vinilo.

El rescate del álbum, editado en 1997 y que surgió de un trabajo conjunto entre Agustín y Araceli Matus, nietos de "La Negra", y Universal Music, se convierte en un acontecimiento: le hace justicia a una recorrida luminosa y poco convencional que hizo la gran cantora por 12 canciones de un ídolo del rock argentino que la guiaba en medio de una de las etapas caóticas de su vida.

La idea de reunirlos para un proyecto discográfico fue de un destacado productor musical y la realización fue complicada: aunque entre los dos artistas había admiración mutua, los vaivenes de Charly, músico y productor artístico del álbum, terminaron con ideas excéntricas, roces y estudios de grabación en Buenos Aires, Madrid y Nueva York que, de todas formas, no conspiraron contra el resultado final: si se vuelve a escuchar -sobre todo en la impactante calidad sonora del vinilo- podrá comprobarse una simbiosis virtuosa en la que los dos músicos y quienes los escuchan salen ganando.

El álbum contiene clásicos como "Cuchillos", "Promesas sobre el bidet", "Rezo por vos", "Cómo mata el viento norte", "Cuando ya me empiece a quedar solo", "Hablando a tu corazón", "Los sobrevivientes", "El tuerto y los ciegos", "Cerca de la revolución", "Siempre puedes olvidar" y "Plateado sobre plateado (Huellas en el mar)", un muestrario de sus demoledores años en Sui Generis, La Máquina de Hacer Pájaros, Seru Giran y su carrera solista.

Temas archiconocidos, pero con otro ropaje. Una voz de Mercedes Sosa en su plenitud, disfrutando transitar un repertorio al que no estaba acostumbrada aunque se trataba de una de las precursoras en acercarse al rock desde el folklore. El buen clima entre ambos incluso dejó un momento extraño en el disco: la cantante se ríe cuando canta "me siento sola y confundida a la vez" en "Cerca de la revolución". ¿Por qué? Lo confesó en una entrevista con el periodista Carlos Polimeni: "Porque yo cantaba con la letra original, "me siento solo y confundido a la vez", y Charly me decía que la feminizara. Entonces, cuando hice la toma lo estaba mirando y me reía, y así quedó".

En el álbum, lleno de sutilezas y aciertos, hay orquestaciones que sorprenden, percusión hecha por García con almohadones (como revela el periodista Sergio Marchi en su libro No digas nada. Una vida de Charly García), aires de carnavalito en "El tuerto y los ciegos", un extraño clima que genera el recitado de Alfredo Alcón en "Los sobrevivientes" y una versión de "Plateado sobre plateado (Huellas en el mar)" en clave experimental.

Pero no son los únicos puntos fuertes de este disco en el que Mercedes Sosa está acompañada por músicos como Pedro Aznar, Andrés Calamaro, Nito Mestre, Juanse, Rinaldo Rafanelli, Bernardo Baraj y María Gabriela Epumer, entre otros, y el propio García en voz, teclados y arreglos, para los cuales se inspiró en el famoso "muro de sonido" que acuñó el productor norteamericano Phil Spector.

Quienes fueron testigos de la grabación de Alta fidelidad recuerdan que cuando se grabó el disco las compañías discográficas disponían de presupuestos muy altos en dólares y que Charly propuso utilizar una revolucionaria técnica de producción: adentro del estudio se había armado una especie de cabina telefónica en donde sólo estaban Mercedes Sosa y un micrófono, mientras García, desde afuera, le daba instrucciones como un fiscal obsesivo de la superposición de las distintas capas de sonido que fueron el sello de la técnica de Spector.

Cuando se lanzó el álbum, García le dijo a Polimeni ante la mirada de Sosa: "Este disco fue hecho en forma muy misteriosa, investigando mucho. Sin máquinas, con la menor tecnología posible, tratando de reflejar nuestra personalidad, no la personalidad de las máquinas o los técnicos, que es como suena casi todo hoy. Cuando estoy en el estudio, yo quiero mística, no quiero industria. Quiero grabar con velas, soy muy velero, no con luces artificiales de neón. Grabamos en lugares muy chiquitos para un proyecto de este tamaño, muy caseros".

La mención de las velas no es azarosa: en su libro, Sergio Marchi cuenta: "En el año 1997, mientras Charly grababa el disco con Mercedes Sosa Alta fidelidad, el bicolor es expulsado de los estudios ION ya que no se bancaban sus insólitos horarios y por distintas desavenencias con el productor Joe Blaney. La próxima parada fue el estudio de Spinetta, La diosa salvaje. Charly fue familiarizándose con el estudio y mientras esto sucedía sus ganas de ambientarlo convenientemente aumentaron. Desde chico le gustó a Charly prender velas mientras tocaba, lo hacía en vivo, en los ensayos o mientras grababa. Una noche, el estudio parecía una santería cuando llegó imprevistamente Luis (Alberto Spinetta), a quien la escena lo sacó de las casillas. Apagó las velas una por una y lo encaró a Charly: Te recuerdo que estas en un estudio de grabación, y también te recuerdo que es el mío".

"Spinetta es una de las pocas personas a quien Charly venera y respeta", asegura Marchi, para quien eso explica que García no hubiera reaccionado mal. "Tal vez por eso se quedó callado (aunque tal vez explotara entre sus allegados) y sin velas", concluye.

Otra curiosidad: según Marchi, Sosa quería que el disco se llamara Somos de acá, surgido de la letra de "Los sobrevivientes", pero Charly prefería bautizarlo como De acá y con una imagen de Alberto Olmedo en la tapa. Finalmente, como aseguran otras fuentes a Infobae Cultura, se impuso el nombre de Alta fidelidad en honor a la máxima fidelidad sonora que quería alcanzar García. Y la tapa fue una impactante foto en blanco y negro de las manos de ambos, en un gesto de comunión que, 30 años después, sigue siendo un testimonio conmovedor.

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