8 de septiembre de 2026
Por qué Yemen se convirtió en el frente de mayor violencia en Medio Oriente y tensiona más al mercado petrolero
Los enfrentamientos entre los rebeldes hutíes, respaldados por el régimen de Irán, y las fuerzas alineadas con el Ejecutivo reconocido internacionalmente reabrieron un foco regional tras años de menor intensidad en el país
La guerra en Yemen volvió a escalar tras varios años de relativa calma y convirtió nuevamente al país en uno de los principales focos de tensión de Medio Oriente. Más de 300 personas murieron en el último estallido de violencia entre los rebeldes hutíes, respaldados por Irán, y las fuerzas alineadas con el gobierno reconocido internacionalmente.
Pero la importancia de Yemen va mucho más allá de su conflicto interno. Su ubicación frente al estrecho de Bab el Mandeb (o Bab al Mandab), una de las principales rutas marítimas del mundo, lo convirtió en una pieza estratégica de la disputa regional. Desde allí, los hutíes pueden amenazar el tránsito de barcos por el mar Rojo y el golfo de Adén, y afectar una ruta fundamental para el comercio entre Asia y Europa.
Los combates se concentran en el suroeste de Yemen, cerca de Bab el Mandeb, el estrecho que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y permite el acceso al canal de Suez y al Mediterráneo.
En tiempos de paz, esta ruta permite acortar significativamente los viajes marítimos entre Asia y Europa. Cuando la navegación se vuelve insegura, los barcos deben rodear África por el cabo de Buena Esperanza, lo que aumenta los tiempos y costos del transporte.
Los hutíes ya demostraron durante la guerra de Gaza que pueden utilizar su posición para amenazar la navegación. Sus ataques contra buques obligaron a numerosas compañías a modificar sus rutas.
Ahora, la importancia de Bab el Mandeb es todavía mayor por la crisis en el estrecho de Ormuz, al otro extremo de la península Arábiga. Arabia Saudita ha desviado buena parte de sus exportaciones de petróleo hacia el mar Rojo para reducir su dependencia de Ormuz. Entre marzo y mediados de julio, sus exportaciones a través de Bab el Mandeb se multiplicaron por ocho.
Los hutíes son una fuerza yemení con intereses propios, pero mantienen una estrecha relación con Teherán, que les proporciona apoyo militar y político.
En junio, medios iraníes advirtieron que Irán y sus aliados podían activar "otros frentes" contra Estados Unidos, entre ellos Bab al Mandab.
Para algunos analistas, la ofensiva hutí beneficia directamente a Irán porque aumenta la presión sobre Arabia Saudita y abre un nuevo punto de tensión en las rutas marítimas. El investigador yemení Ahmed Hazaa, consultado por la agencia AFP, consideró que la ofensiva está vinculada con el bloqueo iraní de Ormuz.
Otros expertos, consultados por el mismo medio, han sido más cautos. Farea Al Muslimi, de Chatham House, señaló que Irán puede beneficiarse de las operaciones hutíes sin necesariamente estar detrás de cada decisión militar.
El conflicto actual tiene sus raíces en 2014, cuando los hutíes tomaron Saná y avanzaron sobre buena parte del norte y oeste del país. En 2015, Arabia Saudita encabezó una coalición militar para respaldar al gobierno reconocido internacionalmente.
Ocho años de guerra, entre 2014 y 2022, dejaron a Yemen sumido en una de las peores crisis humanitarias del mundo. Una tregua alcanzada en 2022 congeló las líneas del frente y redujo drásticamente los combates, aunque nunca se alcanzó un acuerdo de paz definitivo.
Ese equilibrio comenzó a romperse tras nuevos enfrentamientos vinculados con el control del espacio aéreo yemení. La llegada a Saná de un avión iraní sin autorización saudita fue seguida por ataques contra el aeropuerto, atribuidos a Riad, y posteriores represalias hutíes.
Durante los años de tregua, los hutíes aprovecharon para entrenar a sus fuerzas, reforzar su arsenal y desarrollar nuevas tecnologías militares.
Del otro lado, las fuerzas progubernamentales siguen divididas entre distintas facciones y grupos con intereses propios. Esa fragmentación dificulta una respuesta coordinada frente a los rebeldes.
El resultado es un escenario particularmente peligroso: los hutíes controlan Saná y buena parte de los principales centros poblados, mientras el gobierno y sus aliados conservan posiciones en el sur, incluida Adén, y el puerto de Mokha, cerca de Bab al Mandab.
Por eso, Yemen puede convertirse nuevamente en mucho más que una guerra civil. El control de su territorio y de las aguas frente a sus costas puede afectar el petróleo, el comercio mundial y el equilibrio militar entre Irán, Arabia Saudita, Estados Unidos e Israel, convirtiendo al país en uno de los frentes más sensibles de la actual crisis regional.