INTERNACIONAL
16 de octubre de 2026
Un archipiélago en Malasia logra triplicar sus nidos de tortuga verde en 50 años y ya son más de 20 mil
Lo que antes era una zona vulnerable a la extracción de huevos y caparazones se convirtió en un modelo de protección costera, con resultados medibles en el aumento sostenido de puestas registradas cada temporada
En 2026, la tortuga verde (Chelonia mydas) se encuentra bajo la categoría global de "preocupación menor" en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), luego de que el organismo modificara su estatus el año pasado.
La población global aumentó aproximadamente un 28% desde la década de 1970, según la UICN. La categoría en la que está actualmente implica un riesgo de extinción más bajo a nivel mundial, pero no supone que la especie se haya recuperado en todas las regiones ni que hayan desaparecido las presiones sobre sus comunidades.
La Convención sobre Especies Migratorias (CMS), organismo de Naciones Unidas, informó este año que varias subpoblaciones siguen bajo amenaza: la del Pacífico central-sur está catalogada "en peligro"; las del Pacífico oriental y el océano Índico norte, como "vulnerables"; y las del Mediterráneo y Pacífico central-occidental, como "casi amenazadas".
El contexto global sigue marcado por el deterioro de la fauna silvestre. El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) señaló en su informe bianual Planeta Vivo que el tamaño medio de los conjuntos de animales monitoreados cayó un 73% en poco más de 50 años, aunque cerca del 50% de los vertebrados analizados se mantuvo estable o aumentó.
De acuerdo con Geo, las Chelonia mydas enfrentan amenazas por la caza destinada a obtener carne y caparazones, además de la captura accidental en redes de pesca. La ocupación de las costas y la contaminación también afectan las playas donde ponen sus huevos y las zonas donde se alimentan.
El cambio climático suma otra presión, ya que el aumento de la temperatura influye en el desarrollo sexual dentro de los huevos y puede producir un desequilibrio con mayor cantidad de hembras. Este fenómeno condiciona la composición futura de las poblaciones.
Entre quienes participaron en iniciativas de conservación figura Juanita Joseph, investigadora y profesora de la Universidad Malaysia Sabah. La especialista realizó estudios genéticos durante años y logró que su propio padre dejara de consumir huevos de tortuga.
Cuando la UICN comunicó que la especie ya no se encontraba amenazada de extinción, Joseph dijo: "Jamás lo hubiera imaginado. Lloré... Me dije a mí misma que había hecho mi parte", contó a la AFP.
En Malasia, las islas Tortuga, situadas en el estado de Sabah, representan un ejemplo regional de recuperación. La cantidad de nidos de estos individuos se triplicó desde la década de 1970 y actualmente supera los 20.000 por año.
Las islas cuentan con protección desde 1977 y, 2 décadas después, en 1997, se prohibió localmente el consumo de carne y huevos de este reptil marino. Para Maklarin Lakim, director de Sabah Parks, esos resultados son fruto de más de 5 décadas de trabajo.
"Es nuestro patrimonio, nuestra biodiversidad", sostuvo Lakim. La protección local muestra una mejora concreta, aunque la clasificación mundial favorable no elimina los problemas que persisten en otras áreas.
La recuperación depende en parte de la labor de personas de las comunidades costeras. Sitti Rasah Abdul, integrante de una comunidad de pescadores, traslada desde 2012 los huevos de las playas a un centro de incubación junto a una cooperativa de mujeres.
El objetivo es resguardarlos de depredadores y cazadores furtivos hasta el momento de su eclosión. "Siento una responsabilidad: asegurar que haya tortugas para la próxima generación", afirmó Abdul.
En el archipiélago de Entrecasteaux, a más de 200 kilómetros de la costa de Nueva Caledonia, el acceso está prohibido para visitantes, pescadores y navegantes. Solo las misiones científicas con autorización especial pueden ingresar a estos atolones, ubicados dentro del Parque Natural del Mar del Coral.
Cada año, unas 40.000 hembras de tortuga verde regresan a esas playas para desovar. Durante el punto más alto de la temporada reproductiva, se registran hasta 400 puestas por noche en el archipiélago, según detalló Geo.
La zona forma parte de un área marina protegida de 1,3 millones de kilómetros cuadrados, de la cual poco más del 10% es reserva estricta desde enero de 2024.
Marc Oremus, responsable del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) en Nueva Caledonia, explicó que desde 2025 investigadores realizan un estudio para conocer el estado de conservación de la población y prever los efectos del cambio climático sobre los sitios de anidación.
En la isla de Mataking, un centro de incubación del Mataking Reef Resort también protege nidos trasladados desde las playas. Allí nacen tortugas verdes y tortugas carey, otra especie de tortuga marina.
Sophia Sie, propietaria del establecimiento, explicó que el proyecto creció de manera marcada desde 2006. "Recolectamos unos 600 huevos... Hoy tenemos alrededor de 36.000", indicó. Además, vinculó el cuidado de los recursos naturales con la continuidad de la actividad turística del lugar.
Pese al incremento de los nidos protegidos, las crías afrontan un recorrido incierto, ya que de los ejemplares liberados en una playa de Mataking, apenas 1 de cada 1.000 alcanza la madurez sexual a los 20 años.
Las otras especies de tortugas marinas no comparten el nuevo estatus global de Chelonia mydas. 6 de ellas siguen catalogadas como vulnerables o en peligro crítico de extinción. La excepción es la tortuga de dorso plano, cuyo estado no puede definirse por falta de información suficiente.
Para sostener los avances, los especialistas buscan conocer dónde viven las tortugas durante sus primeros años y cuáles son sus áreas de alimentación y reproducción. Gavin Jolis, responsable de estrategia para especies marinas del WWF-Malasia, señaló que esos datos son necesarios para mantener las medidas de conservación.
La organización creó Shellbank, una base de datos mundial de ADN de estos reptiles marinos que utiliza muestras de tejidos y caparazones. El sistema permite seguir poblaciones e incluso orientar investigaciones contra la caza furtiva.
Los análisis ya mostraron que algunos ejemplares que se alimentan en aguas malasias proceden de Micronesia, una región insular del océano Pacífico occidental, y también sirvieron para determinar el posible origen de escamas de tortuga interceptadas en el Reino Unido.
"Para salvar a las tortugas marinas, debemos estudiar su ciclo de vida", explicó Jolis. Sobre el futuro de estos reptiles, añadió que la conservación exige "resiliencia y paciencia" y que debe entenderse como "un proyecto a largo plazo".