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8 de noviembre de 2026

El Gobierno busca encapsular la suba del riesgo país para evitar un impacto en el dólar y la actividad

La caída de los bonos refleja un aumento de la desconfianza de los inversores. La derrota de Bolsonaro y de los republicanos fueron impactos negativos para Milei. Mantener el equilibrio cambiario y la inflación debajo de 2% es clave en esta etapa

El fuerte aumento del riesgo país se mantiene como el dato más relevante y al mismo tiempo preocupante que enfrenta la economía argentina. Más allá de las distintas lecturas sobre los motivos que llevaron a este indicador por encima de los 900 puntos básicos esta semana, hay algo indiscutible: creció la desconfianza y los inversores se encuentran en pleno desarme de posiciones en activos locales. Los bonos en dólares ya cayeron alrededor de 20% desde sus máximos y los actuales precios reflejan el temor a un futuro default de la deuda. Esta caída también muestra un elevado temor del mercado sobre el futuro de Javier Milei.

Ahora las chances implícitas de reelección que surge de los precios se encuentra en solo 45 por ciento. "Parece una sobrerreacción, teniendo en cuenta que las chances que otorgan las encuestas a la continuidad del Gobierno se ubican en el 50%", explicó el economista Fernando Marull en su último reporte semanal.

Para "la calle" el riesgo país es un dato casi intrascendente. Sin embargo, también tiene un impacto en el estado de ánimo porque funciona como un termómetro. Un incremento como el observado en los últimos tres meses es un síntoma que algo no anda del todo bien. Y sobre todo proyecta problemas hacia adelante.

Pero además del impacto sobre las expectativas, la salida de inversiones de activos argentinas también amenaza a otra variable clave: el dólar. Por ahora el Gobierno logró encapsular la suba del riesgo país para que no se traslade al tipo de cambio. En otras épocas la relación era directa: la suba del riesgo país tenía tarde o temprano su correlato en una devaluación.

Luis "Toto" Caputo ya aclaró que la manera de encarar esta desconfianza es siendo todavía más ortodoxo. "Si empezamos a escuchar a los que nos dicen que salgamos a gastar y perdemos el equilibrio fiscal sería un desastre", explicó el ministro de Economía.

Las medidas anunciadas en los últimos días mostraron un giro pragmático del equipo económico, ahora más empático con las dificultades de las Pymes. Las empresas, sin embargo, precisan sobre todo aumentar sus ventas más que alivios financieros que no dejan de ser bienvenidos.

A diferencia de otras épocas, hoy el mercado cambiario tiene mucha más oferta y eso ayuda a mantener al dólar bajo control. Acelerar la suba del tipo de cambio como sugieren algunos en medio de la caída de los bonos tendría un resultado catastrófico. Provocaría más nerviosismo del mercado y un impacto negativo en la inflación y finalmente en la actividad.

Lo más preocupante de este deterioro financiero es que sucede cuando todavía falta casi un año para las elecciones presidenciales. A priori, era razonable esperar que ocurriera más cerca de mitad de año, quizás un par de meses antes de las PASO. Pero los tiempos se adelantaron.

La derrota de Flavio Bolsonaro resultó un golpe fuerte para los activos argentinos. Muchos fondos de inversión habían apostado fuerte a una victoria y el resultado de la primera vuelta parecía darles la razón. Pero todo se dio vuelta de manera súbita en el balotaje, con una inesperada victoria de Lula Da Silva.

Las pérdidas fueron millonarias y quedó un mensaje flotando: es preferible no tomar grandes riesgos antes de una elección tan pareja. Muchos inversores son los mismos que ya se quemaron en Argentina con la derrota de Mauricio Macri en 2019. Esto explica por qué casi no aparecen compradores de peso para posicionarse antes de la elección del año próximo.

En la medida que Milei se mantenga por debajo del 40% de intención de voto y no repunte será difícil que se produzca un rally de bonos, es decir una disminución significativa del riesgo país. La pregunta, por lo tanto, es de qué depende esa mejora en el apoyo al Presidente.

La frase de Bill Clinton en la campaña presidencial norteamericana en 1992 responde a la perfección este enigma: "Es la economía estúpido". En circunstancias normales, que la actividad crezca un punto más o menos es intrascendente. Pero en este contexto pasó a tener una importancia crucial. Si se recupera el consumo, mejoran los salarios y el empleo las chances de Milei crecerían automáticamente.

Luego de la fuerte caída de 2,8% que sufrió la economía en julio, el mes siguiente casi no reaccionó y sí hubo una mejora especialmente en el sector de la construcción, que en septiembre trepó 7,8%. En la consultora LCG hablaron de un rebote en forma de "V" para el sector. Sin embargo, se trataría de un rebote de corto vuelo. Los datos preliminares de octubre son mixtos y noviembre vendría complicado por la gran cantidad de feriados. La economía terminará el año con una mejora marginal bastante inferior al 1 por ciento.

La inflación se mantendría en octubre y posiblemente noviembre apenas por debajo del 2 por ciento. Es una disminución insuficiente para impulsar una mejora de los salarios reales que realmente se note. Además, como sigue cayendo el empleo privado hay poco incentivo en las empresas para subir sueldos.

Caputo ya no defiende los números de la economía, pero igual se muestra confiado en una reelección de Milei: "No creo que los argentinos quieran volver al pasado, porque ya sabemos que fue un desastre". Se trata, en realidad, del gran activo que tiene Milei: sus posibles contrincantes kirchneristas tienen un nivel de rechazo similar o incluso mayor.

El Gobierno encara el 2027 con escaso margen de maniobra y muchos peligros, tanto internos como externos. La derrota republicana en las elecciones de Estados Unidos la última semana tampoco ayuda. El escenario más probable de cara al 2027 es el de una elevada dolarización. Las dudas respecto a un nuevo apoyo del Tesoro norteamericano son razonables. No es lo mismo encarar el año electoral sabiendo que está la billetera de Scott Bessent que no tenerla.

Pero hay otros desafíos. Una baja del precio del petróleo, esperable para el año próximo, reduce la presión inflacionaria a nivel global. Pero para Argentina tiene otra lectura, ya que implicaría menos ingreso de divisas por exportaciones de energía.

Por otra parte, es probable que haya menos colocaciones de bonos por parte de empresas y provincias, ante un menor apetito por riesgo argentino. Esto también reducirá el ingreso de dólares en 2027.

El próximo año empieza, por lo tanto, con un doble desafío para el Gobierno: tener los dólares necesarios para evitar nuevas presiones cambiarias, pero al mismo tiempo hacer frente al pago de deuda.

Esto eleva la cantidad de divisas necesarias para llegar a las elecciones a no menos de USD 50.000 millones: la mitad para evitar una escalada del tipo de cambio y la otra mitad para hacer frente a los vencimientos.

Y en medio de semejante panorama todavía la política plantea más preguntas que respuestas: ¿al final habrá PASO?, ¿el kirchnerismo tendrá un candidato de unidad?, ¿Patricia Bullrich irá en la fórmula con Milei o quiere abrirse?

Sin respuestas clara a estos interrogantes se hace todavía más difícil proyectar cómo se comportará la economía en un clima de incertidumbre extrema.

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