20 de febrero de 2017
Un ejemplo: a los 53, trabaja, estudia y hasta es abanderado
<strong>Daniel Antonucci </strong>se convirtió en un referente para sus hijos y compañeros de fábrica. Se fijó como objetivo finalizar el secundario y se convirtió en el mejor alumno. <em>"Es un esfuerzo pero vale la pena"</em>, remarcó<em>.</em>
En Mendoza hay un ejemplo de esfuerzo, un ejemplo de padre, de compañero de trabajo y de estudiante. Un ejemplo de vida. Con más de 50 años, Daniel Antonucci se propuso cumplir el sueño que durante décadas habÃa postergado: volvió a estudiar. Finalizar la secundaria es su gran objetivo y se lo tomó muy en serio.
En su segundo año lo nombraron abanderado, debido a su altÃsimo promedio, muy cercano al 10. Casado y padre de tres hijos, intentó retomar sus estudios en 2012, pero el sueño rápidamente se esfumó. Sin embargo, no bajó los brazos y ahora, este hombre, quien es técnico en hormigón armado y trabaja en mantenimiento y construcción en la Facultad de IngenierÃa de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), volvió a agarrar los libros convencido de que esta vez nada lo detendrá.
Su persistencia y capacidad lo llevaron a tener un promedio de 9,75 en el programa especial de la UNCuyo, que dura tres años. “Es un esfuerzo, pero vale la pena. Yo siempre les digo a mis compañeros de trabajo que terminen el ciclo secundarioâ€, comentó Antonucci, quien pasa sus dÃas entre el trabajo, de 7 a 15, y la escuela, a la que asiste tres dÃas por semana, de 15 a 18.
Una nueva vocación
Haber retomado sus estudios, 34 años después, le dio la oportunidad a este voluntarioso hombre de descubrir un nuevo placer: las ciencias naturales. “Cursamos materias básicas, como matemática, ciencias sociales, lengua y biologÃa y me di cuenta de que tenÃa facilidad para estudiar todo lo relacionado con las ciencias naturales, eso no lo sabÃaâ€, comentó.
De esta manera, Antonucci no solo avanza con el aprendizaje de las materias obligatorias, sino que también encontró nuevos espacios para disfrutar del conocimiento.
Modelo a seguir
Tanto es el empuje que le puso a la cursada que hasta transmite su entusiasmo a familiares y compañeros. “Siempre me gustó estudiar, pero por diferentes razones lo tuve que postergar. Por eso, aliento a mis hijos a que lo hagan, al igual que a mis compañeros de trabajoâ€, agregó.
Por eso disfruta como pocos ver a su hija Yésica Soledad, de 29 años, quien está a punto de convertirse en enfermera profesional; a Antonella, de 18, y a Josué, de 24, quienes terminaron el secundario. En una casa en la que todos estudian, los buenos resultados no deben extrañar.
Culminado su primer año, a Antonucci lo nombraron abanderado, gracias a haber alcanzado un promedio de 9,75. “No lo esperaba y me dio mucha alegrÃaâ€, comentó este hombre, que se emociona al recordar que el dÃa en el que le otorgaron el reconocimiento fue aplaudido por toda su orgullosa familia.
