3 de marzo de 2025
Camuflado en un vagón con mineral de hierro: la hazaña del argentino que viajó en el tren más peligroso del mundo
Meses antes de completar su vuelta al mundo, Nicolás Pasquali (33) cruzó el Sahara, en Mauritania, en un viaje extremo de casi 24 horas. Resistió la amplitud térmica del desierto y se ocultó para evitar ser descubierto. “Podría haber salido mal”, admite
Antes de dar inicio a su aventura, Nicolás se preparó durante semanas: llevaba puestas una gafas de esquÃ, guantes, un turbante y un bidón con agua. También cargó una linterna y una bolsa de dormir negra para camuflarse entre la carga al momento de los controles.
“Arranqué en Zuerat porque querÃa hacer el viaje completo y no por la mitad. En esa ciudad el tren se detiene para cargar el mineral, lo que me daba tiempo para subirme al vagón y acomodarmeâ€, cuenta. “Elegà uno de los primeros vagones, cerca de la locomotora, porque si en algún momento del trayecto un vagón se desacoplaba, el maquinista solo intentarÃa reconectar los que estuvieran adelanteâ€, agrega.Finalmente, cerca de las tres de la tarde, el tren comenzó a moverse a una velocidad moderada, eso le permitió desplazarse sobre la carga de mineral, sacarse fotos y filmar algunos videos. “Cuando me vi ahà fue una situación bastante rara y espectacular al mismo tiempo. Hay una parte pasional muy fuerte en todo esto que tiene que ver con las ganas de vivir esa adrenalina extremaâ€, cuenta.
Con el correr de las horas, la marcha aumentó y Nicolás no pudo volver a ponerse de pie. “Me acurruqué en un rincón para protegerme porque, a mayor velocidad, más intenso es el viento en la cara y, si te entra un poco de mineral en los ojos o en la boca, puede ser peligroso. Hay que estar en buen estado fÃsico, abrir la boca lo menos posible y taparla. Aunque de vez en cuando me la destapaba para respirar mejorâ€, dice.Entrada la noche, la temperatura descendió bruscamente. Como habÃa previsto, Nicolás se escondió entre la carga, envuelto en su bolsa de dormir negra. Desde ahÃ, con la cabeza apoyada en el metal del vagón, observó las estrellas. “Lo mejor que tiene el desierto son las noches. Pasa a ser una experiencia casi poética. A pesar del miedo, mirás para arriba y decÃs: ‘Wow’. Lamentablemente, no hay una foto que pueda reflejar lo que vi porque por más iPhone que tengas no sale bienâ€, dice.Tras casi 24 horas de viaje, Nicolás llegó a destino. Bajó en Nuadibú, cubierto de mineral, con la ropa manchada y una energÃa extraña recorriéndole el cuerpo. “Era como haber estado en una montaña rusa que, en vez de durar dos minutos, duró un dÃa enteroâ€, describe. Esa sensación de “electricidad†no lo abandonó por dÃas. “TenÃa una mezcla intensa de alegrÃa y adrenalina y tardé bastante en bajar a tierra. No podÃa dormir. Fue una de las mejores experiencias de mi vidaâ€.
——Creo que le queda corto el tÃtulo. Por eso no es para cualquiera, sino para alguien a quien le interese vivir algo extremo. Yo soy un poco adicto a eso. Y ya no hablo solo del tren, sino de la locura de recorrer el mundo. Es lo que me mantiene vivo.