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25 de mayo de 2025

La economía que viene: ¿se podrá reducir la pobreza infantil?

La desaceleración de la inflación y la recuperación de ingresos ofrecen un panorama más alentador para este año, pero hay desafíos estructurales complejos

>La Laura Caullo, economista responsable del área de Empleo y Política Social del Ieral de Fundación Mediterránea, dijo que la Sin embargo, Caullo destaca una mejora en los indicadores de indigencia infantil a partir del segundo semestre de 2024. Este cambio, según la economista, se atribuye principalmente al fortalecimiento de políticas de transferencia directa como laEn este sentido, la actual administración ha tomado decisiones para ordenar las cuentas públicas sin ignorar a los sectores más vulnerables, planteando el desafío de consolidar este sendero”, comentó la especialista.

En cuanto a las proyecciones para 2025 en materia de pobreza infantil, Caullo dijo que dependerán en gran medida de la evolución de la inflación, la dinámica del mercado laboral y los programas de asistencia social.

Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica (UCA), coincide en que las proyecciones para el segundo semestre de este año indican que la pobreza tenderá a estabilizarse. “Si bien los mejores niveles se lograron en el último trimestre de 2023 y el primer trimestre de 2024, la pobreza en general se estabilizará alrededor del 35-36%, y la pobreza infantil por arriba del 45%-50%, a pesar de la asistencia pública que sigue siendo importante”, analizó.

El referente de la UCA sostuvo que el análisis de los últimos dos años (2023 y 2024) revela una dinámica particular. “Al comparar el primer semestre de 2023 con el de 2024, se observa un fuerte aumento de la pobreza infantil en todos los aglomerados. Sin embargo, quienes más aumentaron la pobreza fueron aquellos que tenían una menor tasa de pobreza infantil. Esto se debe a que segmentos medios perdieron sus empleos formales o vieron caer sus remuneraciones en el contexto de la crisis o el aumento de la inflación”, indicó.

“En el segundo semestre de 2024, se produjo una reducción en la pobreza infantil. Esta reducción benefició principalmente a quienes más habían empeorado en el proceso anterior, generando un proceso de convergencia en el que las diferencias entre los aglomerados urbanos en materia de pobreza infantil se achican. Si bien persisten diferencias significativas, con valores de pobreza infantil que superan el 58%-70% en Gran Resistencia o Santiago del Estero, frente a valores del 27-35% en Río Gallegos o la Ciudad de Buenos Aires, las brechas relativas se han reducido”, observó el especialista.

Lo cierto es que la pobreza infantil viene creciendo desde 2011-2012, excediendo el 50% actualmente y con picos de más del 60% en contextos como el primer trimestre de 2024. Si bien la situación se ha estabilizado, para Salvia el problema fundamental reside en la alta vulnerabilidad de los trabajos en el sector informal de la economía, donde se concentra la mayor parte de los hogares con niños pobres. La asistencia pública, aunque clave para contener la indigencia, no resuelve las deficiencias estructurales que se manifiestan en la calidad educativa, alimentaria, de salud y de cuidados de estos niños.

Las diferencias territoriales en los niveles de pobreza infantil son otro aspecto relevante. Caullo explica que estas variaciones se deben a limitaciones en los mercados laborales, bajos niveles educativos y limitaciones en la capacidad económica y productiva de cada región. Esto dificulta la generación de empleo formal y de calidad, impidiendo que muchas familias salgan de la pobreza por sus propios medios, incluso en contextos de crecimiento económico.

Caullo explicó que la pobreza infantil, muchas veces, es una herencia. “En Argentina, donde la mitad de los niños son pobres, la falta de recursos suele transmitirse de generación en generación. Uno de los factores más determinantes es el nivel educativo de los padres”, destacó.

Agustín Salvia, refuerza esta idea al resaltar que el avance de la pobreza afecta claramente los servicios y el acceso a la salud, los medicamentos, y la calidad del empleo de las familias. “En los niveles de pobreza más extrema o crónica, la crisis genera un aumento de la inseguridad alimentaria y experiencias de hambre”, sostuvo.

Salvia explicó que la pobreza infantil, más allá de los picos y caídas, ha operado fundamentalmente alrededor de los hogares con niños del sector informal de la economía, con empleos muy precarios. Aunque la asistencia pública, como la AUH o la Tarjeta Alimentar, posee una cobertura casi universal, el problema principal radica en la alta vulnerabilidad de los trabajos que tienen esas familias. “Estos niños no solo son pobres por ingresos, sino también en cuanto a acceso a recursos de salud, educación, alimentación y cuidado”, agregó.

Si bien el escenario económico general de la Argentina ha mostrado mejoras, la pobreza persiste en afectar a niños de todo el país. En algunos aglomerados urbanos, hay más niños pobres que de nivel medio.

También superan el umbral del 50% Posadas (59%), La Rioja (61%), Formosa (60%), Gran Catamarca (60%) y Gran Mendoza (53%). En todos estos casos, más de la mitad de los menores de 15 años viven en hogares cuyos ingresos no alcanzan para cubrir las necesidades básicas.

La situación cambia significativamente entre regiones. En el Área Metropolitana de Buenos Aires, por ejemplo, la Ciudad presenta el índice más bajo del país, con un 27% de niños en situación de pobreza (3% en la indigencia), mientras que en los partidos del conurbano bonaerense ese número asciende al 55% (13% indigentes).

La disparidad también se evidencia al observar las tasas de indigencia. Gran Resistencia destaca con un 28% de niños en esa situación, seguido por San Nicolás - Villa Constitución (21%), Concordia (20%) y Santiago del Estero - La Banda (17%). En contraste, ciudades como Neuquén - Plottier, Ushuaia o Río Gallegos presentan niveles de indigencia infantil por debajo del 10 por ciento.

La pobreza en la infancia impacta más allá de la coyuntura económica. influye en la salud, la educación, la nutrición y las posibilidades de desarrollo futuro. Y, aunque los indicadores son conocidos desde hace tiempo, su persistencia y profundidad en muchas zonas del país siguen siendo motivo de preocupación.

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