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21 de enero de 2026

¿Fue alguna vez azul el Planeta Rojo? Nuevas pistas reescriben la historia del agua en Marte

Un conjunto de evidencias geológicas y datos de misiones espaciales sugiere que albergó un océano vasto y estable hace miles de millones de años. El hallazgo refuerza la idea de un mundo más húmedo, dinámico y potencialmente habitable que el árido que conocemos hoy

>Durante décadas, Ahora, un nuevo estudio aporta evidencias concretas de que Marte pudo haber tenido un océano de escala planetaria, comparable en tamaño al Océano Ártico de la Tierra, y con agua superficial estable durante períodos prolongados.

La investigación Allí identificaron una serie de formaciones geológicas que llamaron depósitos de frente escarpado, estructuras que en la Tierra se asocian con deltas fluviales donde los ríos desembocan en océanos o grandes mares.

“Juntos, estos instrumentos actúan como una máquina del tiempo geológico, ayudándonos a reconstruir la condición pasada del planeta”, dijo el autor principal del estudio, Ignatius Argadestya, geólogo planetario de la Universidad de Berna en Suiza.

“El Marte moderno es seco y polvoriento, pero los científicos han sospechado durante mucho tiempo que alguna vez fluyó agua en su superficie. La pregunta ha sido: ¿cuánta agua? Los científicos de la NASA estiman que Marte solía tener al menos 8 millones de kilómetros cúbicos de agua.

Y agregó: “Estos resultados se basan en observaciones detalladas de dos formas ligeramente diferentes de agua en la atmósfera marciana. Al comparar los hallazgos de agua en Marte hoy con el agua atrapada en un antiguo meteorito marciano, los científicos determinaron cuánta agua escapó del planeta al espacio y, por lo tanto, cuánta agua probablemente tenía Marte”.

El hallazgo más llamativo surgió al analizar la altitud y la edad de los depósitos escarpados. Todos aparecieron dentro de un rango muy estrecho de elevaciones, entre los 3650 y 3750 metros de profundidad respecto al nivel de referencia marciano, tanto en Valles Marineris como en las tierras bajas del hemisferio norte. Además, los científicos determinaron que estas estructuras se formaron hace unos 3370 millones de años, un período temprano de la historia del planeta.

La coincidencia en altura y edad llevó a los investigadores a una conclusión clara: esos depósitos señalaron la presencia de una antigua línea costera. En otras palabras, marcaron el borde de un océano que ocupó gran parte del hemisferio norte de Marte. Según las estimaciones del equipo, ese cuerpo de agua alcanzó dimensiones comparables a las del Océano Ártico terrestre, con profundidades que en algunos puntos superaron el kilómetro.

La idea de un océano marciano no resultó nueva. Estudios anteriores ya propusieron la existencia de mares y ríos, e incluso de un gran océano boreal. Sin embargo, uno de los mayores problemas siempre fue identificar con precisión dónde se ubicó la costa y cuán estable fue el nivel del agua. En Marte, a diferencia de la Tierra, la actividad tectónica y la erosión posterior alteraron gran parte del registro geológico.

El contexto geográfico también resultó clave. Coprates Chasma se encuentra a una altitud relativamente elevada en comparación con las vastas planicies del norte marciano. Si el agua alcanzó ese nivel, no pudo haberse contenido solo en el cañón. El exceso habría fluido hacia las tierras bajas, inundando enormes regiones y formando un océano continuo que cubrió buena parte del hemisferio.

Las nuevas evidencias geológicas se sumaron a datos recientes obtenidos por el rover Perseverance de la NASA, que opera en la superficie marciana desde 2021. Este vehículo encontró señales de antiguos sistemas climáticos intensos, compatibles con la presencia de grandes tormentas tropicales.

En la Tierra, ese tipo de fenómenos requiere extensas masas de agua líquida y una atmósfera capaz de sostener ciclos hidrológicos activos.

Los científicos señalaron que un océano estable cambió de manera drástica las condiciones ambientales del planeta. El agua superficial reguló la temperatura, favoreció la circulación atmosférica y creó nichos potencialmente habitables. En ese escenario, la posibilidad de vida dejó de ser una especulación remota para convertirse en una pregunta científica concreta.

Las investigaciones actuales no ofrecieron aún una respuesta definitiva, pero delimitaron mejor el contexto en el que esa vida pudo haber existido. Si Marte sostuvo océanos, ríos y tormentas durante millones de años, entonces dispuso de tiempo suficiente para que procesos biológicos simples se desarrollaran, al menos en teoría.

El próximo paso de los científicos se enfocará en la composición de los antiguos suelos marcianos. Analizar los minerales y las huellas químicas de la erosión hídrica permitirá reconstruir con mayor precisión cómo circuló el agua y qué condiciones químicas predominaban. Esa información resultará clave para orientar futuras misiones de la NASA y de otras agencias espaciales, especialmente aquellas dedicadas a la búsqueda directa de biofirmas.

La idea de un Marte azul dejó de ser una simple conjetura para apoyarse en evidencias cada vez más sólidas, y con ellas, la historia del planeta vecino comenzó a reescribirse.

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