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24 de febrero de 2026

Qué significa quedarse dormido en menos de diez minutos: lo que dice la ciencia sobre la latencia del sueño

La latencia del sueño, medida central en estudios clínicos, puede variar según factores como la edad, los hábitos diarios y el entorno, y su análisis es clave para comprender la calidad del descanso nocturno en la población adulta

>La La latencia del sueño, el intervalo entre apagar las luces y quedarse dormido, es considerada un indicador central que permite reflejar la El promedio de latencia en adultos sanos se sitúa entre 10 y 20 minutos. Un periodo inferior a ocho minutos suele estar relacionado con altos niveles de somnolencia y deberse a una deuda de sueño acumulada o a trastornos subyacentes como la narcolepsia. En cambio, quienes tardan más de 20 minutos en dormirse, pueden tener problemas de insomnio o trastornos que dificultan la conciliación del sueño, de acuerdo a la Fundación del Sueño de EEUU.

La Michelle Drerup, psicóloga especialista en medicina conductual del sueño en la Cleveland Clinic, señaló: “Cada persona es diferente” y recomendó no obsesionarse con una cifra exacta. Sin embargo, advirtió que desviarse de ese rango puede señalar dificultades en el descanso nocturno.

El consumo de alcohol, la presencia de dolor crónico, el uso de determinados medicamentos y el “efecto de la primera noche” —dificultad para conciliar el sueño en un lugar nuevo, por ejemplo, cuando estamos en un hotel de vacaciones— pueden modificar de manera importante la latencia del sueño.

Cuando los profesionales del sueño hablan de eficiencia del sueño, se refieren al porcentaje de tiempo que una persona pasa durmiendo por la noche. Este número se obtiene al dividir el tiempo total dormido entre el tiempo total en cama y multiplicar ese resultado por 100. Como resalta la Fundación del Sueño, al tratar el insomnio, los médicos suelen buscar una Cuando la latencia aumenta, se reduce la eficiencia, pero también influyen otros factores como despertarse durante la noche o temprano por la mañana.

Una noche típica comprende varios ciclos de sueño que duran entre 90 y 120 minutos. Estos ciclos se distribuyen en cuatro fases: tres de sueño no REM y una REM. Las fases no REM abarcan la mayor parte del descanso físico reparador. Un inicio retrasado del sueño limita la posibilidad de completar todos los ciclos previstos y reduce la exposición a las fases de sueño reparadoras, especialmente la fase REM, clave para la memoria y la regulación emocional.

Dado que la latencia del sueño está relacionada con el cansancio, la medición también se ve influenciada por la deuda de sueño.

Esta se define como la diferencia acumulada entre las horas de sueño requeridas y las efectivamente dormidas. Así, si una persona necesita ocho horas y solo duerme seis, acumula dos horas de deuda, lo que repercute tanto en la salud física como en la capacidad cognitiva.

Y señaló: “Dormir bien todas las noches es crucial para el funcionamiento óptimo del cerebro y el cuerpo. La regularidad en el sueño permite mantener un ritmo circadiano equilibrado, esencial para procesos como la memoria, el sistema inmune y la regulación hormonal. Dormir más los fines de semana puede aliviar algunos síntomas del mal dormir, pero tiene mucho menor impacto que un descanso constante y de calidad todos los días”.

“Al experimentar déficit de sueño, medir la latencia del sueño puede ayudar a identificar cuándo existe un déficit de sueño. Incluso sin sensación subjetiva de cansancio, una persona generalmente se duerme más rápido cuando necesita dormir. Las personas con latencias de sueño muy cortas probablemente experimenten déficit de sueño”. afirma la Fundación del Sueño, y recomienda que un cambio notable en el tiempo para conciliar el sueño debe motivar la consulta médica y, si es necesario, la realización de pruebas específicas.

Detectar una latencia particularmente corta o prolongada puede contribuir al diagnóstico de trastornos como la narcolepsia, la hipersomnia idiopática y el insomnio. La Academia Estadounidense de Medicina del Sueño recomienda siempre interpretar este indicador junto a otros parámetros clínicos.

Entre los métodos diagnósticos principales figuran, según la Fundación del Sueño, el test de latencia múltiple del sueño (MSLT), el test de mantenimiento de la vigilia (MWT) y la polisomnografía.

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