11 de enero de 2026
Más que petróleo: cómo los minerales críticos de Venezuela pueden afectar las inversiones en Argentina y otros países de América Latina

Hierro, bauxita, aluminio y otros se cuentan entre los recursos naturales de la nación caribeña. Los casos del cobre y el litio. Cifras, condiciones, plazos e impacto en la región
En minería la cuestión es diferente, pues se vincula también a la posibilidad de recuperar cierta “base industrial” venezolana. En principio, los minerales con mayores posibilidades no compiten con las perspectivas mineras de la Argentina, que hoy tiene como atractivos primarios al cobre y al litio.
La paradoja, dice el documento, al que accedió Infobae, es que pese a su dotación, la producción minera formal y su procesamiento industrial colapsaron bajo el chavismo. Eso destruyó la fiabilidad de suministro, aumentó la minería informal y las actividades ilícitas y elevó el riesgo a niveles inaceptables para cualquier inversor privado.
El níquel, precisa el documento, también es estratégicamente importante “porque está en la intersección del acero inoxidable y las demandas de la transición energética”. Nuevas “narrativas”, prosigue el texto, incluyen al coltan (un concentrado de niobio y tantalio) y tierras raras, aunque se trata de recursos muy prospectivos, limitados en escala y no verificados.
“El tantalio, naturalmente asociado al coltan, lo producen fundamentalmente el Congo y Rwanda. En Venezuela y a nivel básicamente artesanal e ilegal se empezaron a explotar coltan y tierras raras para empezar a abastecer una industria bastante estrecha en términos geográficos. La incógnita es si lo que hay justifica una inversión a escala industrial”, explicó Juan Ignacio Guzmán, CEO de GEM Mining en Chile.
El análisis es prospectivo. ¿Cuáles deberían ser los dos o tres primeras condiciones para que ese proceso pueda iniciarse?, le preguntó Infobae a Guzmán.
Como minerales con potencial de recuperación más rápida, el experto mencionó al hierro y la bauxita. “Las minas ya existen, aunque habrá que verificar el estado de la infraestructura, altamente dañada. Tal vez en tres años podrían retomarse operaciones”, estimó. “Pero el oro es lo que más brilla. La minería y también la exportación ilegal existen. Hay bastante conocimiento sobre estos depósitos y con una inversión relativamente marginal, en un par de años se pueden determinar los proyectos y en 5 a 8 años explotarse”.
En cuanto a cobre y litio, hoy los dos principales vectores mineros de Argentina, el CEO de GEM Mining dijo que si bien en Venezuela hay cobre (el servicio geológico de EEUU lo mapeó en el pasado), hace más 25 años no hay exploración. “En ese plazo el mundo y la tecnología cambiaron; es probable que hoy se encuentren minerales que antes no se exploraban, como litio y coltán”, dijo Guzmán. Nada que cambie el atractivo litífero y cuprífero de la Argentina y Chile.
Otro análisis sobre las perspectivas mineras en Venezuela, de Benchmark Minerals Intelligence (BMI), ahora una unidad de Fitch Services, es algo más escéptico sobre los plazos de revitalización de la minería venezolana. Sobre ocho países analizados (incluida Argentina) en términos de riesgo minero en relación a su potencial productivo, ubica al país caribeño como el menos atractivo de América Latina.
Si bien los mercados de metales reaccionaron rápidamente a los sucesos en Venezuela, dice BMI, “hay pocas razones para esperar un gran giro en los sectores de minería y metales básicos”, incluso bajo un gobierno post-chavista. ”Para el período 2026-2035 esperamos que siga siendo la más pequeño y menos atractiva industria minera de la región”.
Luis Rojas Machado, presidente de lo que queda de la Cámara Minera de Venezuela, le dijo al portal especializado Club Minero: “Casi la única minería que aún se hace en Venezuela es ilegal y con métodos obsoletos”.
La precariedad de las explotaciones auríferas también fue dañina para la salud y hasta la vida de los trabajadores mineros. En febrero de 2024, por caso, un derrumbe en una mina de oro, tuvo un saldo (oficial) de 14 muertos.
De hecho, en 2020 Daniel Novegil, entonces vicepresidente de Ternium, precisó que Lo de Sidor había sido prenunciado por el colapso de la producción de PDVSA, la petrolera estatal venezolana, de la que Chávez, luego de una larga huelga, echó a más de 16.000 técnicos y profesionales, para después llenarla de partidarios sin conocimiento del sector.
Similar suerte corrió la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), fundada en 1960 y conformada por 14 empresas mineras, forestales, del aluminio y servicios que fueron durante más de 40 años la “base industrial” del país, ahora destruida.
El país caribeño es un caso extremo de “enfermedad holandesa”, mal en el que caen algunas naciones “bendecidas” por cierta abundancia, que con malas instituciones y peores políticas transforman en “maldición de los recursos naturales”. Entre 2000 y 2012 las exportaciones no petroleras se redujeron a un mísero 4% del total, pero gracias al boom del precio del petróleo (que estaba en menos de USD 10 el barril en enero de 1999, cuando Hugo Chávez asumió la presidencia, y rozó los USD 150 en 2012) Venezuela recibió USD 800.000 millones vía exportaciones petroleras. Dinero que quemó comprando el apoyo de aliados extranjeros y jerarcas y partidarios locales mientras destruía y empobrecía al país. En 2013 la asunción de Nicolás Maduro tras la muerte de Chávez acentuó el declive, pero la destrucción ya llevaba 14 años en marcha. Venezuela aún padece las consecuencias de ese delirio.
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