28 de febrero de 2026
Qué es y cómo opera la Guardia Revolucionaria, el poder oculto que sostiene al régimen de Irán

La IRGC cuenta con fuerzas terrestres, navales y aéreas, tiene su propio servicio de inteligencia, una milicia interna (Basij, responsable de la represión de protestas) y un brazo exterior: la Fuerza Quds
Las cifras evidencian el tamaño: entre 150.000 y 190.000 efectivos, según registros del Centro Nacional de Contraterrorismo de Estados Unidos (NCTC). La Fuerza Quds, su unidad de élite para operaciones en el exterior, suma entre 5.000 y 15.000 hombres seleccionados por su lealtad ideológica, según la misma fuente. Pero el poder de la IRGC va más allá del número de soldados.
Después de la guerra con Irak, en la década del ‘80, el líder supremo tomó una decisión bisagra -y transformadora- para la Guardia: le abrió las puertas de la economía. Según un relevamiento de la Universidad Deakin sobre la historia institucional de la organización, autorizó la expansión de la IRGC al ámbito económico, permitiéndole construir un imperio empresarial que hoy abarca desde la construcción hasta las telecomunicaciones.Esta autonomía institucional y económica define a la organización. La IRGC controla sectores enteros de la vida productiva iraní. A través de su conglomerado más conocido, Khatam al-Anbiya, ejecuta megaproyectos de infraestructura, energía y transporte. Participa en la gestión de puertos y en servicios médicos. Se le atribuye el control de recursos estratégicos como el agua en zonas de conflicto social, empleada como herramienta de disciplinamiento de poblaciones. E investigadores de la Universidad Deakin sostienen que hasta un tercio de las importaciones informales del país pasan por las redes de contrabando de la Guardia, que incluye tabaco, alcohol y droga distribuidos a través de mercados negros.La Fuerza Quds es el componente más reconocido de la IRGC fuera de Irán. Es la organización que transformó a Hezbollah en los años ‘80 de una pequeña insurgencia libanesa en una fuerza paramilitar sofisticada.
Esta lógica de operar a través de intermediarios es deliberada: le permite a Irán negar su involucramiento. El llamado Eje de la Resistencia —Hezbollah, Hamas, los Houthis, las milicias iraquíes— no constituye una alianza de iguales, sino una red construida, financiada y sostenida durante décadas por la Fuerza Quds.
El desafío fundamental que enfrentan los planes occidentales, y que el ataque de esta madrugada no resuelve, radica en la naturaleza institucional de la Guardia: la IRGC no es una pirámide que depende de un solo hombre, sino una entidad con múltiples polos de poder -militar, inteligencia, economía, milicia interna, y red exterior-, cada uno con sus propios recursos y cadenas de mando.
Neutralizar al comandante de la IRGC -como sugieren algunas evaluaciones aún no confirmadas- no hace desaparecer a la institución pero sí genera una disputa interna por la sucesión.
La IRGC acumula 45 años perfeccionando una habilidad: sobrevivir. Resistió la guerra con Irak, enfrentó sanciones internacionales, soportó el asesinato de Qassem Soleimani, su comandante más emblemático, eliminado por un drone estadounidense en Bagdad en 2020, y sobrellevó repetidas rondas de protestas internas.
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